Día 6 – Tamarindo

Hemos quemado nuestra última noche en La Fortuna. Volvimos a dormir en tienda, pero a pesar de eso no aguantamos más allá de las 5.30 sin abrir los ojos. Recogemos nuestras cosas y esperamos en la recepción del hotel a la “buseta” que nos llevará a Tamarindo. La buseta no es otra cosa que un transporte privado, tipo furgoneta que te lleva directo al sitio. Es caro, 49$ por persona, y a pesar de que nos prometen 4 horas de trayecto son 5 en realidad, pero es preferible al transporte público que gira en torno a las 9 horas. Es muy pesado y no queremos perder todo el día. Costa Rica es un país pequeño, pero las distancias son largas y las carreteras malas.

En el trayecto hacemos una parada en la carretera para ver monos aulladores, mucho más de cerca que en Caño Negro. Ver animales salvajes en su hábitat natural es una pasada!

Me tiro casi todo el viaje escribiendo la entrada del día 5 y rascándome las piernas porque voy llena de picaduras, y eso que estaba super contenta porque hasta ahora me habían respetado, pero ni repelentes ni nada, al final siempre me fríen.

Llegamos a “Tamagringo” a eso de la 1 am, y nos dejan en la misma puerta del hotel. La mujer que hay en recepción es un 10 en todo, pocas personas nos hemos encontrado tan amables y alegres.
Nos dice que ha habido un problema con el booking y que nos van a dar una habitación más grande.
Nos quedamos flipados del “palacete” que nos asignan, una habitación con 4 camas, 2 de matrimonio, en 2 alturas.

No es que sea la suite del Ritz, pero a nosotros nos lo parece. Tener tanto espacio para nosotros, cama grande de matrimonio, baño privado, aire acondicionado y un pantallón de tele enorme es poco menos que un sueño llegados a este punto. Lo mejor de todo no tener que deshacer y hacer la mochila cada vez que coges unas bragas. Felicidad.

Además el hotel cuenta con una piscina a la que vamos a sacar mucho partido.

Que no se me olvide decir el nombre por si alguna vez venís, además la ubicación es genial. HOTEL NAHUA, Tamarindo. En cuanto pueda lo puntúo con un 10.

Nos vamos a dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo (que es muy pequeñito, básicamente una calle principal y pequeñas calles aledañas) y recalamos en el jazz’s creperie, dónde me como la primera ensalada del viaje entre lágrimas de emoción, con un smoothie de frutas tropicales recién hecho.

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La oferta de restauración está básicamente orientada al turista americano (en algunos sitios los camareros no hablan ni español), solo hemos visto un restaurante típico tico, al igual que el resto del pueblo. Muchas tiendas de ropa hippy, souvenirs, artesanía y locales de surf. Esto es Tamarindo: surf (eso sí, nivel 0 de experiencia), cervezas y poco más. Se ve algún edificio un poco más alto, pero en general son casas bajas y locales de restauración, pero el pueblo es aún así bonito y tiene bastante encanto.
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Después de comer nos vamos a la playa, preciosa y bastante vacía, a darnos un baño y observar como decenas de novatos intentan ponerse de pie encima de la tabla de surf, 95% sin éxito. Vemos caer la tarde y hacemos unas fotos preciosas que no puedo enseñar porque están en la cámara.

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El agua está super calentita, y a pesar de estar limpia viene con tierra por el oleaje, los océanos es lo que tienen. La diferencia de temperatura también es significativa con respecto a Fortuna. El calor aquí es sofocante y la humedad muy alta. Además aquí no llueve tanto.

Después del atardecer, decidimos cambiar el agua del mar por el de la piscina, abierta 24 horas. Echamos mano de las cervezas que hemos puesto a enfriar en nuestra neverita privada y disfrutamos de un baño de casi 2 horas, a oscuras y en soledad, escuchando los sonidos de los animalitos que viven en la selva seca y viendo revolotear luciérnagas. El agua debe estar a 30 grados, solo puedo decir PURA VIDA.

Tras el baño piscinero, ducha y a cenar. Hoy toca menú tipical gringo. Taco de pescado y hamburguesa de ¿angus? Otra vez “el punto” es ignorado, no entiendo a qué viene preguntar. Tomo nota mental para pedir la carne chorreando sangre, a ver si así la dejan un poco rosadita al menos.
La camarera del infierno se empeña en hablarnos en inglés a pesar de que con el cocinero y el de la barra se comunica en español, así que tras varios intentos fallidos de que nos responda en español le seguimos el rollo y le hablamos en inglés, nuestro inglés.

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Tras la cenita, vuelta al hotel y a dormir, por fin solos! Solo vamos a estar 2 días, pero no parece que vayamos a sufrir de estrés.

PURA VIDA!

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