Día 8 – Manuel Antonio

Hoy el día no parece que vaya a dar mucho de sí, nos espera un viaje largo.

Nos despertamos a las 7, recogemos el desparrame de ropas varias esparcidas por la habitación y salimos a esperar nuestra buseta que nos llevará a Manuel Antonio.
Es un transporte relativamente confortable, pero son 6 horas previstas, que al final son 7, y acabamos con un dolor de culo considerable. Aprovecho el viaje para escribir el blog,  y dormir todo lo que puedo, ya que así se hace menos pesado, y entre cabezada y cabezada nos enteramos del desastre de España en el mundial, aunque la verdad, me la bufa.

Llegamos al hotel a las 16. El conductor es otra las personas más geniales que me he encontrado aquí. Quizá por ser españoles le hemos caído bien, y nos brinda una despedida realmente efusiva y amable, y eso que no nos conoce de nada. Mola encontrarte gente así, te hace creer en el género humano.

Hacemos el check in rápido porque queremos irnos a comer cuanto antes, que estamos desmayaos. La habitación es muy regulera a pesar de ser, de lejos, el alojamiento por el que más hemos pagado en Costa Rica. Suponemos que es por la cercanía a la playa y al parque nacional, a menos de 5 minutos. Pero tiene aire acondicionado, baño privado, nevera y terracita, así que nos vale.

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Nos vamos a comer al restaurante más cercano que hay, a 100 metros del hotel y a pie de playa.
Manuel Antonio es un pueblo muy pequeño, y se mantiene bastante protegido de edificaciones masivas por el rollo del ecoturismo, que aquí está muy en boga.

El sitio es muy agradable, no por el restaurante en sí, sino por el emplazamiento al lado de un playa virgen. Vigésimo veintiún casado a la tripita (para ahorrar un poco) en compañía de un perrete tragón y en un marco incomparable.

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Después de la comida nos acercamos al super para adquirir unas cerves (como no) y aprovechamos la última hora y media antes del atardecer en la playa. Más fotos de folleto y más surferos novatos.

Vuelta al hotel y parada obligatoria en la piscina. Parece ser que hay una en la parte superior, más grande, así que vamos a buscarla. Lo malo que tenemos que cruzar una estrecha pasarela que discurre en mitad de la selva y está completamente a oscuras. Aunque sé que es poco probable hago bromas con la posibilidad de pisar una serpiente terciopelo, pero la verdad es que el caminito da yuyu. Nos volvemos mejor a la de la planta baja que está en mare. Hacemos cata de una nueva cerveza costarricense, Bohemia, y nos damos la ducha pre cena.

Hacemos un poco de tiempo en el hotel, que aún es pronto y nos vamos a cenar en horario español, 21.30. ERROR! No quedan más que un par de locales abiertos y solo sirven bebidas, tienen la cocina cerrada.

Me hundo en la más profunda de las miserias teniendo en cuenta que me he arreglado, recorrido unos 500 metros medio jugándonos el tipo, por una carretera completamente a oscuras, desierta y sin arcenes, y no me dan de comer con el hambre que tengo!!

Así que vuelta al hotel… Pero cuándo ya nos habíamos resignado a ir a la cama sin cenar, a Iván se le ocurre preguntar en el hotel de enfrente. Bajamos unas escaleras y nos encontramos a dos tipos super amables que regentan un “restaurante” que más bien parece un merendero. Nos dicen que vamos a poder cenar y casi lloro de emoción, estoy realmente hambrienta.

El sitio nos parece caro y aunque la carta es larga no tienen de casi nada. Al final nos sirven 2 filetes de pollo con arroz y verduras, que me saben a gloria bendita. Se nota que están cocinados con mucho amor. Al echar un vistazo a la carta, y en la presentación de los platos se ven detalles de cocina que se desmarcan de la cocina sin pretensiones para turistas. Yo lo noto, y sé que no me equivoco.
Cenamos completamente solos, estamos en mitad de la selva y aunque son las 22 parecen las 3 am. Aunque 20 € por dos filetes de pollo con arroz, una cerveza y un agua nos parece un atraco, y más aquí, los pagamos a gusto. No recuerdo el sitio, pero me acordaré del único cocinero de Costa Rica que le supo dar el punto justo de cocción a una carne.

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Y poco más que contar, ah sí, nos hemos cruzado con un grupo de chiquillas que creo eran españolas. Ya no somos unicornios, lástima.

Nota mental para mañana, quitar el chip español y poner el costarricense.

PURA VIDA!

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2 Respuestas a “Día 8 – Manuel Antonio

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