Día 11 – Dominical

Hoy nos marchamos hacia Dominical, un pueblo de surferos.a unos 45 minutos de aquí. Desayunamos, reorganizamos nuestras mochilas (en las que la misma ropa del principio ocupa incomprensiblemente mucho más), y decimos adiós al que ha sido nuestro hogar durante 3 días.

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Para ir a Dominical primero tenemos que tomar un bus público  hasta Quepos (tarda unos 10-15 minutos y nos cuesta al cambio como 35-40 cts).

Llegamos casi justos a la terminal de buses de Quepos para coger el siguiente bus que nos llevará a Dominical, nada más tenemos que esperar unos 15 minutos.

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El pueblo de Quepos no tiene nada reseñable, es más bien feo, así que gastamos el tiempo puramente imprescindible aquí.

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Tras unos 45 minutos de trayecto llegamos por fin a Dominical.
Nos sorprende un poco lo que vemos. A pesar de ser vendido como un pueblo de surferos fumetas con mucha fiesta, la verdad es que está bastante vacío y hay muchos locales cerrados.

El pueblo consiste en una gran larga calle sin asfaltar, con algunos alojamientos y restaurantes y muy poco más.

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En mi opinión tiene el encanto de los sitios sin explotar. Ambiente hippy, muy poca gente, sin grandes edificaciones y una playa inmensa muy abierta, con olas perfectas para un surfero de nivel medio. No hay hamacas, no hay chiringuitos invadiendo la arena y no hay casi nadie.

Deben de ser más de 2 km de playa, no sé bien, de arena negra y algunas piedras, con una bruma por el lado izquierdo que le confiere un ambiente como místico, no sé. Se siente mucho estando aquí esa sensación de inmensidad y peligrosidad del mar.

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La bruma se ve al atardecer.

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Cargadísimos con las mochilas y con el calor más sofocante que hemos tenido que soportar en Costa Rica nos disponemos a buscar hotel.

Preguntamos en un par de sitios, y en uno de ellos el dueño nos hace como una especie de pack. 45$ por noche, con desayuno y nos regala un casado. Nos parece muy cutre y la habitación es un buen tugurio, así que nos vamos a buscar otro sitio.

Al final acabamos en el Domilocos. Tiene mejor pinta que la mayoría y por 45$ por noche, si te quedas 2, te ofrecen una habitación con baño privado, A/A, desayuno Wi-Fi y en teoría agua caliente 3 veces al día (más tarde descubriremos que no).

Decidimos alojarnos por dos días tras preguntar en otro sitio. Se supone que podemos pagar con tarjeta porque vamos justitos de Cash, aunque nos dicen que lo prefieren, aún así decidimos pagar al final.

Iván anda algo bajón porque no es exactamente lo que que esperaba. Ciertamente es un sitio orientado al surf, y no es que no es que nosotros seamos unos reputados surferos, aún tengo las costillas doloridas de ayer. El pueblo, además, no es que sea muy bonito y la playa no presenta los idílicos paisajes a los que estábamos acostumbrados, aunque tiene el encanto de lo salvaje.

Nos acercamos a un Tourist Info a ver qué nos ofrecen, y nos informan sobre los típicos tours para turistas que te venden en casi todas partes. Aparte se puede hacer un poco de senderismo hasta unas cascadas, o ir al Parque de Corcovado, que es el punto de todo el mundo con mayor concentración de fauna y hasta 25 ecosistemas diferentes. Pero es muy caro, es mucho bus y además venimos de ver ya un montón de animales.

Decidimos acortar nuestra estancia en Dominical a un día e irnos a Uvita, a una hora de aquí, y que alberga el llamado parque nacional marino ballena. Se puede hacer snorkeling, ver delfines, tortugas, ballenas (en época, que no es ahora) y hay playas, manglares… En fin, que nos iremos para allá, y además nos viene mucho mejor para ir luego a San José.

Nos tomamos una cerve para atar cabos de nuestros planes futuros en un sitio muy buen rollo, y acabamos comiendo ahí. Resulta ser un restaurante vegetariano donde me como una vegie burguer brutalmente buena.

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Me dedico a charlar un rato con el rastafari que regenta el garito, un surfero rastafari mu majete, y nos advierte de los “peligros” de que Costa Rica gane el tercer partido contra Inglaterra. Volverá la locura y la gente se echará a la calle colapsando el tráfico. Y es que juegan justo el martes por la mañana, el día que volvemos a España. Bueno es saber este dato.

Después de eso, como hace un calor terrorífico, nos echamos una siesta en el hotel de lo más reparadora, y después a aprovechar las últimas horas de luz en la playa. No sé si ya he mencionado que aquí empieza a anochecer a partir de las 18.

La marea está bajísima y estamos casi solos cuando llegamos. Ya no hace calor y estamos en la gloria bendita. Cuando empieza a caer la tarde la playa está mucho más bonita y esto es un remanso de paz.

Nos bañamos hasta donde podemos, que no es más allá de la cintura, porque el oleaje es muy bestia y las corrientes de arrastre son peligrosas. Te tienes que meter hasta el inframundo para que el agua te cubra un poco, pero las olas rompen mucho antes de la orilla, así que no forzamos mucho. Realmente no es la playa más indicada para bañarte.

Tras un ratito tumbados en la arena contemplando la inmensidad se pone a llover rabiosamente, el clima tropical said hello.

Nos cubrimos en un garito a tomarnos la tercera Pilsen del día, haciendo tiempo para que pare de llover. Nos apuntamos el sitio para volver a cenar porque es barato y tiene bastante ambiente.

El tiempo nos da una pequeña tregua y podemos pasear por toda la orilla hasta la vecina playa de Dominicalito, super relajante paseo antes de que se ponga otra vez a llover.

Así que al hotel. Nos damos una ducha forzosa con agua fría (soportable por el calor que hace) y a hacer un poco de tiempo antes de cenar, que la vegie burguer llena como un cochinillo asado.

Ha parado de llover, así que nos vamos a cenar. El camino hasta el restaurante discurre completamente a oscuras por el camino de tierra, que está embarrado y lleno de charcos. Con suerte te encuentras una farola cada 200 metros.

Llegamos al restaurante donde nos tomamos la cerveza por la tarde, que es de lo más animado del lugar y no hay más de 3 mesas con gente y a cenar. Más de lo mismo, pero rico.

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Nachos

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Ensalada de pollo bañada en vinagre

Nos damos una vuelta por el pueblo a ver si hay algo abierto para alargar un poco la noche, pero sin suerte, así que vuelta al hotel a pensar que nos deparará mañana Uvita y algo tristones porque esto se acaba ya, snif, snif.

Pero mientras dure, seguiremos en la búsqueda de la PURA VIDA!

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