Día 13 – San José

Así como el que no quiere la cosa hemos llegado a nuestro penúltimo día en Costa Rica, qué pena más grande por Dios…

La noche ha sido regular, a pesar de tener el A/A puesto hacía calor, así que dormí gran parte de la noche sin taparme con la sábana incómoda que cubría la cama. Pero a eso de las 3.30 todo el veneno de mosquito cabrón que recorre mi cuerpo se me debió de agolpar en piernas y pies y me tiré un buen rato rascándome como una loca. Por un momento, no sé si era sueño o no, me imaginé que tenía decenas de mosquitos picándome a la vez, y pensé que cuántas picaduras sería capaz de soportar un cuerpo humano sin colapsarse… Ya de día vi que no era para tanto,  pero entre la lluvia que suele caer de noche, la luz que entra, la no excesiva comodidad de las camas y el picor infernal, lo normal es que me desvele, con suerte, un par de veces por noche.

Desayunamos en el hippy hotel unas tostadas por las que nos clavan 1500 colones, que no es mucho, pero si lo comparas con lo que cuestan otros desayunos tres veces (o 4 o 5) más copiosos nos parece un timo, además de quedarnos con hambre. Estos hippys, ays…

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Pues nada, hacemos la mochila por penúltima vez y a la estación de buses, por decir algo, para coger el bus de las 9. Muy míticos los horarios, el bus de las 9 llega supuestamente a las 9.10, pero sale a las 9.40, aunque la realidad es que llega a las 9.30 y sale a las 10. Nos preguntamos a qué hora saldrá el siguiente, que en teoría era a las 10.
Los tiempos, al igual que las distancias, en Costa Rica son un poco sui generis, a pesar de que hasta ahora los transportes habían sido razonablemente puntuales.

Por fin salimos, nos esperan unas 3-4 horas de viaje. Durante el trayecto cruzamos un río que no sé cómo se llama ni en qué punto está, en el que viven cocodrilos. Yo no los vi porque iba dormitando, pero Iván ve cuatro del tamaño de una persona o más, lástima habérmelos perdido.

Llegamos a San José más o menos a las 14 y cogemos un taxi que nos empieza a marear dando vueltas por la ciudad. Cuando se lo decimos se hace el tonto, así que por no discutir le pagamos y nos bajamos un poco lejos del hotel al que queremos ir, más cabreados por el tiempo que nos ha hecho perder que por el dinero, que total son 3 o 4 €, los taxis aquí son baratos.

Llegamos al fin al hotel, casa Alfie, un sitio super céntrico (a pocos metros del teatro nacional) que hemos visto en la LP. El sitio nos hace gracia, tiene cierto encanto y como siempre el personal maravilloso. No tiene más de 10 habitaciones, así que suponemos será tranquilo. Por 50$ nos dan una habitación enorme de madera, con baño privado y desayuno incluido, así que nos quedamos, a pesar de que huele a iglesia que tira para atrás, es como estar en el centro de un claustro, pero a los 2 minutos ya no lo notas.

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Ya son casi las 15 así que nos vamos a comer algo rápido para que nos dé tiempo a callejear y hacer algunas compras.

Me como el que será ya, probablemente, el último casado que me coma en mi vida. Es monstruosamente grande y está bastante bueno, por menos de lo que te cobran en zonas más turísticas.

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Además, en mi empeño por tomarme un café rico en Costa Rica me pido un capuccino que SÍ está bueno!! 🙂 estoy casi a punto de llorar de emoción otra vez, lo que me ha costado…

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El sitio no recuerdo cómo se llama, pero está saliendo del hotel y hace esquina.

Empezamos con las compras. Está lloviendo pero no mucho, es un poco molesto, pero si llevas gorra ni te enteras, así que pasamos de chubasqueros. A la que llevamos 2 calles recorridas nos damos cuenta de algo en lo que el primer día aquí no reparamos: San José es una cuidad encantadora!! No creo que a todo el mundo se lo parezca, pero yo que me considero más de barro que de asfalto, metafóricamente hablando, disfruto mucho callejeando por el centro, que lamentablemente es lo único que nos ha dado tiempo a ver bien.

No tiene grandes monumentos ni es que sea preciosa, que no lo es, pero es una gran ciudad, repleta de vida y de gente, ruidosa y bulliciosa como a mí me gusta, y a la vez es la ciudad más cosmopolita de toda Sudamérica.

Caótica en el tráfico, con multitud de comercios y con ese ambiente despreocupado de la gente que la habita. A nosotros nos encanta!!

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Plaza de la independencia

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Plaza de la cultura

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Jardín frente al teatro nacional

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Teatro nacional

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Merece la pena sin duda gastar un día en San José.

Realizamos las compras en el mercado central, un sitio laberíntico que me recuerda un poco, salvando mucho las distancias, al zoco de Estambul (a mucha, mucha distancia).

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Con las compras hechas nos vamos a tomar nuestras merecidas cervezas, a comentar lo maravilloso del viaje y a lamentarnos un poco porque ya se acaba. La idea de hoy era emborracharnos (lo justo), pegarnos una buena cena homenaje y salir un poco de fiesta.

Nos tomamos 3 Imperiales por barba en un céntrico pub karaoke con mucho ambiente, en un estado entre feliz y triste, pero estamos muy agusto y nos sentimos maravillosamente bien.

No vemos el momento de irnos, pero la cena espera. Regresamos al hotel a ducharnos y ponernos todo lo guapos que nos permite la mochila tras dos semanas.

Elegimos un restaurante de los catalogados como precio alto en la guía, y según indica de lo mejor de la ciudad, además muy cerca del hotel, La esquina de Buenos Aires.

Cuando llegamos flipamos de lo petado que está, un lunes por la noche (vamos a cenar al fin a hora española, 21.30). Nos pregunta la chica que nos recibe en la puerta si tenemos reserva… Al final nos dice que hemos tenido suerte y hay una mesa libre, bien!!

El sitio está bastante chulo, es grande y super agradable. A pesar de estar hasta la bandera no es ruidoso, y estamos al lado de una ventana que da a la calle. De agradecer la separación de las mesas, que no hay nada más odioso que chocarte con el de atrás cuando quieres ir al baño.

Se trata de un restaurante argentino con una carta muy amplia y un menú diferente y con toques un poco más distinguidos (agradezco enormemente no encontrarme los aborrecibles casados en la carta), pero no nos parece nada caro, la verdad. Aparenta ser mucho más caro de lo que es en realidad. En España, en cualquier bar de fritangas te acaban cobrando lo que acabamos pagando aquí, con la diferencia de que el sitio es encantador y el servicio impecable y muy, muy atento.

A pesar de que lógicamente la especialidad son las carnes, debido a mi mala experiencia en Costa Rica con el tema no me la juego y busco en el menú la ansiada langosta que llevo queriéndome comer todo el viaje, sin suerte… En fin, mi bolsillo lo agradece pero me jode, otra vez será.

Al final me decanto por unos camarones en crema de azafrán e Iván por un pastel de lomito.

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Los camarones un pelín secos, pero la crema muy, muy buena. Lo mejor casi para mí el brócoli, es que soy fan incondicional de las verduras al dente, mmmm.

Se me ha olvidado comentar el servicio de pan con mantequilla del principio. Dios, pero qué buena! No sé qué llevaba o por qué me estuvo tan rebuena, pero fan super fan también.

Elegimos el vino de la casa porque no entendemos una leche de vinos, y tampoco nos queremos gastar en una noche el presupuesto de 3 días, que no somos casta. A nuestros paladares inexpertos les sabe a gloria, pero para morros finos con la cartera llena hay una carta amplísima de vinos chilenos y argentinos de varios precios y colores.

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Cenamos en la gloria bendita y con sonrisa pintada en la cara. Apuramos la noche y la botella de vino sin que vengan a molestarnos ni una vez, estamos happy happy.

Cuando acabamos el vino llamo a un camarero para pedir el postre, pero el chiquillo está atareado y de espaldas y no me oye (sólo lo llamo una vez y sin levantar la voz). Flipamos cuando enseguida aparece otra camarera para disculparse por el despiste del compañero, un poco excesivo para nuestro gusto.

Total, que al final solo nos cuesta 30.000 (39,5) colones, que aunque la cena no es de traca, comparado con lo que hemos pagado en otros sitios, el ambiente, el sitio y el servicio, nos parece un regalo.

Además, una cosa que mola de este país, es que el impuesto de servicio del 10% va incluido siempre en las facturas, así te desentiendes del estrés de las propinas (para mí lo es).

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Le pregunto al camarero si hay algún sitio cerca para salir a tomar algo, pero nos dice que no, y que además es peligroso moverse de noche por San José. Me quedo sin fiestear por San José ni perrear a ritmo de reggaeton, cachis, pero lo que no puede ser, no puede ser.

De camino al hotel nos hacemos un par de fotos chorra de despedida y la noche ya no da para más. La verdad que a las 23 parece que son las 4, pero no nos sentimos inseguros.

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Ahora sí que sí, esto se acaba. A dormir y el medio día que nos queda mañana, para disfrutar del partido de la sele, y poco más.

Siempre, siempre PURA VIDA!

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2 Respuestas a “Día 13 – San José

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