Las “Pepas”: el dulce de repostería más exquisito que he probado jamás

Hoy quiero hablaros de un dulce que me vuelve literalmente loca, y que descubrí en mis tiempos de estudiante universitaria, hace eones de eso ya 🙂

Y quiero hablaros de ellos porque una amiga maravillosa a la que quiero un montón, me sorprendió enviándome por correo una caja repleta de estas pequeñas delicias conocidas como pepas.

Veamos, he investigado un poco, y por lo que he podido descubrir, estos dulces solo se elaboran en un pueblo de Alicante llamado San Vicent del Raspeig (donde pasé yo mis años mozos de estudiante, de ahí mi descubrimiento). Y ni siquiera en todas las pastelerías y confiterías del pueblo, si no que solo en algunas pocas (solo conozco 2), y a veces, hasta es necesario pedirlas por encargo.

Al buscar por Internet no se encuentra absolutamente ninguna referencia, y no entiendo por qué, porque este dulce debería ser patrimonio del pueblo.

De verdad que no es obsesión, es la receta de la felicidad. Después de comer algunas de estas delicias la hormona del placer quedará instala en tu cerebro durante un largo periodo de tiempo, y es que son tremendamente adictivas.

¿Y cómo son? ¿Por qué están tan tremendamente deliciosas?

Para contestar a la primera pregunta nada mejor que una foto.

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Como veis, su aspecto es algo similar al de un pequeño cruasán, aunque más cuadrado. Se trata de una masa hojaldrada, que está caramelizada con azúcar en su capa exterior, lo que la dota de una crujiente textura.

Y en cuanto a la segunda pregunta, el por qué está tan, tan buena, tengo mi propia teoría.

Atención, veganos, dejad de leer.

Está hecha con manteca de cerdo, manteca que, además, es muy evidente. En la parte inferior, tiene una fina película de esta grasa sin procesar, lo que la dota de una jugosidad y sabor de escándalo. Igual a alguien le puede resultar desagradable, pero la capa es lo suficientemente fina como para que pase desapercibida al tacto, pero le confiere un punto perfecto de jugosidad.

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La prueba del delito

Y bueno, nada más que decir. Que tenéis que probarlas, que son una maravilla que sufre injustamente de muy poca publicidad. Y que San Vicente debería exportar la receta al resto del mundo (excepto a los países musulmanes). Nadie debería morir sin probarlas.

Eso sí, lights no son. Pero, ¿qué dulce realmente bueno es light? Y, ¿qué sería de nuestra vida sin pecar un poco? 🙂

Así que si vais a Alicante o alrededores, echad el viaje al pueblo, que no os arrepentiréis.

Y para hacer un poco de publi, que se lo merece, en Confitería Maruja las podéis comprar. Yo, las últimas que he comido, son de allí.

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Y por último, mis agradecimientos a mi amiga, que me ha posibilitado disfrutar de este manjar, cuyo sabor casi tenía olvidado.

Así de feliz me dejaste. Muá!! 🙂

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