Honeymoon – Can Tho y Chau Doc – Vietnam – Días 8 y 9

DÍA 8 – CAN THO

Hemos vivido los que, espero, sean los días más complicados de nuestro viaje. Hubo un error gordo de planificación, como ya comenté en un post anterior y es completamente IMPOSIBLE recorrerte un país en 3 semanas. No digamos ya dos, y si encima pretendes oler un tercer país, pues ya es de coña. Mi recomendación, al menos en Vietnam, es que necesitas entre uno y dos meses para verlo bien y en condiciones, disfrutando de todo lo que ofrece, que es mucho. No quedarte en lo superficial y poder conocerlo bien.

Todo esto se traduce en un estrés de toma de decisiones sobre cómo planificar y sacar el máximo rendimiento posible al exiguo tiempo del que disponemos. En estos dos días hemos cambiado de planes unas 857 veces, intentando decidir cuál era la mejor opción. Creo que al final hemos tomado la decisión correcta pero… Es una ruleta rusa, we’ll see!

Nuestro día empieza en Ho Chi Minh, tras un desayuno en el hotel consistente en un pancake y fruta (primer día que prescindo de los recurrentes huevos en todas sus variantes), un taxi nos acerca a la estación de bus. Nuestra idea es ir a Can Tho, la ciudad más grande del Delta del Mekong, y famoso por su mercado flotante, Cai Rang, no el más grande pero sí el de mayor actividad comercial.

La primera decisión del día es elegir el bus que nos llevará a la ciudad. El taxi nos suelta allí y no tenemos ni p… de cómo preceder. Por lo visto hay un montón de compañías que ofertan el trayecto, imaginamos que con servicios de variable calidad. Desechamos las compañías más baratas en nuestra condición de pseudo mochileros de honeymoon. El dinero no es un problema debido a que nuestro viaje es corto y no hemos venido a sufrir, así que optamos por la segunda compañía más cara (la diferencia no llega a dos euros, pero aquí es bastante), aunque también ayuda que esta es la única compañía en la que las taquilleras no sacan medio cuerpo por la ventanilla y te gritan como poseídas por el mismísimo Satán para que te acerques a comprar allí.

Como no hablan ni papa de inglés vamos enseñando el billete a diferentes seguridades hasta que damos con nuestro bus, de la compañía Futa Buslines. Parece que hemos dado con uno de los buenos gracias a Dios y todos los angelitos del cielo porque son 4 horas de viaje y no apetece nada un viaje kafkiano. Los asientos son como camas individuales, hay aire acondicionado (horrorosamente alto) y te dan agua y toallitas húmedas.

Cómo ya nos hemos acostumbrado a la conducción temeraria conseguimos dormir casi todo el viaje, pese a los pitidos constantes del conductor y los miles de baches que hacen que viajemos a saltos.

Llegamos a Can Tho a medio día, dando de nuevo gracias a Dios y los angelitos por no haber muerto de hipotermia en el trayecto. El típico
enjambre de taxistas nos aborda nada más bajar. Les decimos dónde está nuestro hotel y por unos 8 euros al cambio (caro) nos meten en un coche, que ni es taxi ni es na, que supuestamente nos va a llevar al hotel. La verdad que aunque suene un poco peliculero, sin tener mucho motivo para desconfiar, es el momento en el que me he sentido más insegura en todo del viaje. Pero bueno, happy end, no es un país peligroso, al menos es mi sensación, y nos deja en el hotel indicado un rato después.

La gente del hotel es maravillosa y nos dan la que ha sido nuestra mejor habitación hasta la fecha, una superior  para 4 personas por unos 28 euros, enorme y con bañera.

La peor parte del día vino para decidir qué hacer al día siguiente. Nuestra idea era ir directamente a Ha Tien, un pueblo de costa cerca de la frontera Camboyana para, de ahí, cruzar e ir por la Costa hasta Sihanoukville, quizá haciendo un stop en Kep o Kampot, todo ello ya en suelo camboyano.

Pero como las cosas no podían ser fáciles, este trayecto es largo y duro según nos dicen varias personas, y no nos lo recomiendan. Así que tras mucha deliberación y barajar opciones, al día siguiente iremos a Chau Doc, desde donde podremos cruzar a Phon Phen, en barco por el Mekong o en bus, o ir a Ha Tien y cruzar por el Sur para seguir por nuestro recorrido inicial. Reservamos en el hotel los asientos para las 12.30 del día siguiente y nos vamos a dar una vuelta para negociar un paseo con un vietnamita por el mercado flotante.

Si te acercas a la orilla del río, cerca de la estatua gigante de Ho Chi Minh, vienen unas cuántas mujeres a ofrecerte sus tours en bote para visitar el mercado. Rechazamos unas cuántas ofertas por ser caras o no darnos confianza, pero una mini mujer nos persigue arrastrando los pies para que veamos su barco, hasta que tenemos que gritarle que no queremos y que nos deje en paz. Por fin conseguimos una buena oferta con Han, un tío risueño que por 10 euros nos hará un recorrido en su bote por el mercado, solo para nosotros dos, durante 3 horas.

También hay opción de hacer un tour más largo de 6 o 7 horas, o contratarlo en una agencia, pero yo no lo recomiendo. Es más caro, y no hay mucho más que ver que merezca la pena por lo que leído en blogs y opiniones de otros viajeros.

Con los siguientes movimientos más o menos planeados, nos vamos a tomar una cerveza para desestresar que ha sido un día intenso, dar una vuelta por la city (aunque no hay mucho que ver), cenar y a dormir prontico que al día siguiente, como no, nos levantaremos cuando cante el gallo.

DÍA 9 – MERCADO FLOTANTE Y CHAU DOC

A las 7am Han nos está esperando como un reloj en el punto de encuentro. Nos montanos en un romántico botecito a motor (un palo largo con una pequeña hélice que se sumerge en el agua), nos acomodamos en el asiento con almohadillas, todo muy limpito, y a pasear por el río!

En las 3 horas (en realidad fueron 2,5) nos da tiempo a dar una vuelta por el mercado y ver transacciones entre los comerciantes, y darnos un mini paseíto por la selva para llegar a una fábrica familiar de noodles de arroz.

El mercado de Cai Rang es un mercado de frutas y verduras al por mayor, hay pequeños botes que compran la mercancía para después vender en el mercado. Para saber qué vende cada uno, atan una pieza de la mercancía en un palo largo y lo ponen en el punto más alto para que lo veas. Luego, hay que meterse por un canal para llegar a la fábrica de noodles. Primero hacen la pasta de arroz en forma de grandes obleas que se forman en unas telas (que se calientan, a su vez, con retales de telas) y una vez solidificada la pasta se forman unas grandes obleas que ponen a enfriar sobre planchas de bambú. Después, una vez frías, las pasan por una máquina manual que forma los noodles, tipo fideos largos y que se almacenan en bolsas de plástico.

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Han!

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La vida a orillas del Mekong

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Transacción

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El palo con la mercancía colgada

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Canal del Mekong que discurre entre selva

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Obleas de arroz

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Solidificación de la pasta de arroz

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Concertinas vietnamitas, aunque de estas he visto en mi pueblo también 🙂

Después del paseo por el río, tenemos un par de horas hasta pillar el bus, así que aprovecho para correr mis primeros km vietnamitas, y no sé si los últimos, ya que tengo algo de monete.

Mi idea es hacer no más de 5 km, pero duro exactamente 21 minutos. El solaco, la humedad y correr entre contaminación y una marea de motos, coches y personas, no es la manera más friendly de correr. Aún así, me da tiempo para sudar unos 10 litros más o menos.

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Las tri noosa 9 lo mismo que te corren un maratón, se van de viaje a Vietnam. XD No me acordaba de lo ligeras que eran!

Tras esto, de nuevo en ruta! Tiramos para Chau Doc, donde si es posible no queremos hacer noche, pero no sabemos a qué hora pasan los barcos, así que veremos sobre el terreno qué hacer.

Tras otras 3,5 o 4 horas de viaje por terribles carreteras llegamos al destino. Allí se nos acerca Vang, un vietnamita local con un inglés muy fluido que nos da bastante confianza. Esta vez no tenemos hotel reservado, así que nos ofrece uno por 15$  asegurándonos que está limpio y tiene A/A. Nos lleva en moto al hotel, una nueva aventura teniendo en cuenta el estado del tráfico y carreteras. Pero la verdad es que controlan y no te sientes inseguro. Después de ver cómo cargan una hormigonera en una moto, o un ataúd en una bici, una mochila de 10 kg debe ser jauja para ellos.

Echamos un vistazo al hotel y nos parece correcto, así que nos quedamos. Vang nos ofrece múltiples opciones para el día siguiente, y después de mucho deliberar con cerveza (otra vez) nos decidimos por Ha Tien. La idea de aquí es ir a Phu Quoc, una isla paradisíaca situada en el golfo de Tailandia, aunque es terreno vietnamita. Vamos descartando como opción las playas camboyanas, porque parece que no son muy buenas, algo inseguras y nos roban más tiempo. Aunque tendremos que tomar la decisión sobre la marcha, como viene siendo habitual.

Nos gusta de Phu Quoc lo bonito de las playas (no en vano, es el destino preferido de los recién casados vietnamitas) y el poder parar al menos un par de días en un sitio, cesar un poco la gymkhana de transportes, que mola por un lado, pero es cansado. Y quizá, lavar algo de ropa en el hotel (mi mochila empieza a oler a animalico en descomposición). Queremos un hotelazo y, si es posible, con playa privada. Ya veremos…

Muertecicos de hambre (hemos desayunado a las 6.30 y luego solo hemos comido papas y un bollo entre dos) nos damos una vuelta pequeña por el pueblo (que tampoco tiene mucho que ver), cambiamos unos dólares para poder pagar los visados en la frontera (en una tienda de joyas, aquí es típico) y nos vamos a cenar al que se supone es el mejor sitio de aquí, Memory delicatessen), que la verdad no tiene nada de especial, es un restaurante occidental pero muy barato y está rico, por 10 euros cenamos los dos 2 pizzas pequeñas, patatas fritas con queso, un plato de pasta y dos coca colas. Pues muy bien, oye.

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Nada como una taza de líquido de indescriptible sabor con hielos caseros, mmm, cagalera casi segura 🙂

Y después a dormir pronto, que hemos quedado al día siguiente con Vang a las 7.

Por cierto, Vang un tío curioso, que al decirle que era valenciana me dijo que su equipo era el Valencia, y me habló de MENDIETA! Flipo, jajaja.

Cuando los del karaoke atronador de al lado nos han dejado, por fin hemos podido dormir, veremos qué aventura nos espera mañana.

Balance del viaje: 9 días de experiencias, 0 timos. Un hurra y una ola para Iván y Made! 🙂

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Cuando cae la noche en Chau Doc

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