Honeymoon – Isla Phu Quoc – Días 10 y 11

Después del más frugal y peor de todos los desayunos hasta la fecha, a las 7 am nos vamos con Vang y su amigo rumbo a la estación de bus. Allí le comunico que finalmente nos hemos decidido por Phu Quoc, y enseguida nos ofrece un paquete completo de bus + moto + barco rápido por 18$ por persona, que además tenemos que pagar por adelantado. Sospechamos que es caro, pero la verdad, no tenemos mucha idea y nos ha prometido poder llegar a Phu Quoc hoy mismo. No queremos hacer otra noche en un pueblo de paso, así que aceptamos y pagamos sin mucha seguridad en lo que hacemos.

La desconfianza va in crescendo cuando nos dice que lo que tenemos que hacer es seguir a su hermana, una mujer de unos 30 años que me señala con el dedo. Empiezo a preguntarle que debo hacer exactamente al bajar del bus en Ha Tien (que es el lugar desde donde zarpa el barco), pero el tío ya no me hace ni caso porque mientras cuenta billetes no para de mirar fijamente a una familia de perroflautas extranjeros con los parece haber tenido algún problema, y de gritarse cosas en vietnamita con sus secuaces.

Todo empeora cuando la supuesta hermana se pone a gritarle como una histérica dentro ya del autobús y a llorar desconsoladamente. Hasta tal punto alcanza el conflicto entre ambos (Vang mucho más calmado) que tienen que intervenir unos compatriotas para calmar los ánimos.

Por nuestras deducciones, el tal Vang casi que obliga a su “hermana” a hacer el viaje con nosotros y gestionar nuestros transportes y por poco dinero. Además, parece ser que han tenido un problema con los perroflautas que viajan con nosotros en el bus, pero estos, que se les ve que ya están toreados, pasan mogollón de ellos.

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La "hermana" de Vang

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El bus chungo

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Y aún así, contentos!

Pues nada, nos vamos a las 7.30 rumbo a Ha Tien en un mini bus destartalado, sin aire acondicionado y lleno de rotos. Nos esperan un par de horas de viaje. Durante el trayecto, la supuesta hermana,a la que se le pasa el soponcio a los pocos minutos, hace de acomodadora en el mini bus en el que va hacinando a la gente que recogemos en diferentes puntos del camino.

La tía se pasa el viaje hablando con sus dos móviles y haciendo gestiones. Habla cero de inglés, pero conseguimos entendernos con ella cuando nos pide los nombres y fecha de nacimiento. Vale, parece que está haciendo las gestiones… Oh, oh, problema, nos enseña un fajo de billetes como para decirnos que le tenemos que pagar. Le digo un poco alterada que ya le hemos pagado a su “hermano”, pero no parece que se cosque. Le enseñamos el recibo que nos ha dado Vang y parece que se queda conforme, pero no nos fiamos un pelo.

A la hora o algo así, hacemos una parada como de 5 segundos (lo juro), momento en el que la hermana se baja del autobús, le da un fajo de billetes a unas personas que le esperan en una moto y estas le devuelven algo a cambio. Se sube al mini bus en marcha y nos da un par de papelitos. Yupiiiii, nuestros billetes de barco! Aceñas, por el precio del billete podemos comprobar que el previo de 18$ es bastante justo. Son unos 9 y pico $ solo el barco + el bus + los dos traslados en moto + la comisión por el servicio que suponemos se llevan Vang y su hermana. Nos parece razonable aunque seguro que podría haber sido menos.

Cuando llegamos a Ha Tien nos están esperando dos motos que nos llevan al puerto, y allí a esperar el barco. Es un poco bajón que salga a las 13.15,  porque son las 10 y poco y nos va a tocar esperar en el bar en el que nos dejan. Al menos podemos tomarnos un par de cervezas que la dueña va a comprar al bar de al lado (no tienen y son tan majetes de hacernos ese favor), y reservar el hotel de la isla, ya que hay WiFi gratis. Elegimos un resort de 4* muy bien situado al lado de una de las 2 mejores playas de la isla, en la capital Duong Duong. No es muy caro si lo comparas con otros hoteles de categoría similar en España, pero aún así, es nuestro mayor dispendio en el viaje en cuanto a hoteles.

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Pasamos el resto del día disfrutando de nuestra mini honeymoon enmarcada en la big honeymoon que es el viaje entero, haciendo las cosas que hacen los recién casados de bien: beber, ir de la piscina a la playa y de la playa a la piscina, comer todo lo que podamos en el buffet (esto por los días que los trayectos entre ciudades solo nos permiten 2 comidas al día), beber más en nuestra terraza de la habitación… Lo normal! ;p

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Por la noche tomamos unas bicis prestadas del hotel, que van duras como ellas solas y nos acercamos al night market, que es de lo poco que hay que ver por aquí. El mercado es pequeñito, pero está bien. A destacar los puestos de pescado de todo tipo y marisco que te hacen en el momento, ya que lo mantienen vivo almacenado en acuarios. La verdad que da penica ver a bichos tan grandes hacinados en unos pocos cm2, pero bueno, así funcionan las cosas.

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Se nota que es un sitio turístico de cierto nivel, porque para un día que me da por ponerme en plan duro a regatear, la tía de la tienda se me parapeta en el primer precio y ya, por amor propio, me quedo sin comprar esa camiseta que tanto me gustaba, snif.

Tras eso, vuelta al hotel y a dormir nuestras 8 horicas que nos las hemos ganado! 🙂

El día siguiente es muy tranquilo. Queríamos haber ido a hacer una excursión a otra playa chula que se llama Sao Beach, pero está justo en el otro lado de la isla, a unos 27 km. Decidimos que no merece la pena invertir medio día y 35$ en ver más de lo mismo, y aprovechamos para disfrutar de nuestra playa que es bien maja y de la piscina, que al fin y al cabo han sido nuestras únicos dos días de relax hasta el momento.

Decidimos dar un paseo por toda la playa, saliéndonos de lo que es la parte privada del resort, para constatar con tristeza que la gente no valora lo que tiene, pero en ningún país, aunque aquí mucho menos. Nada más te sales de la zona delimitada por los mejores resort (el nuestro y el contiguo básicamente)  luego todo está muy sucio, hay muchos complejos como semi abandonados, y la playa está descuidada. Hasta nos encontramos un perro muerto justo al lado de un hotel! Un horror. Es una pena que aunque no haya mucha gente por le temporada baja no mantengan la playa en condiciones.

Después del paseo de algo más de una hora, me he convertido en un gusiluz, con bronceado rojitzo a rodales indescriptible, en fin, cosas de la tez blanca. Por algo muchas chicas orientales van cubiertas de arriba abajo, con sus sudaderas de terciopelo y sus guantes, sus calcetines y su todo. Así sí! XD

A reseñar en el día de hoy la comida y la cena del restaurante Emoi. Fantástico! Nos gustó tanto la comida que volvimos para cenar. Bien de precio y un emplazamiento fantástico junto al mar. Recomendado 100%.

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Maravillosas las gambas con salsa de tamarindo y genial el wok de verduras al punto

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Lomo de salmón con fruta de la pasión. Mmmmmm

La noche fue algo movidita porque aunque nos fuimos pronto a dormir, un ruido muy molesto sobre nuestras cabezas nos impedía conciliar el sueño, y al día siguiente teníamos que mover a las 5.45. Al final llamé a recepción y decidieron cambiarnos de habitación por no poder solucionarlo. Qué pena que no nos hubiéramos quejado el día anterior, porque nos dieron una habitación a pie de mar con cama supersize, y dormimos plácidamente (aunque muy pocas horas) escuchando el ruido del mar. Oh, cuánto lo voy a echar de menos!

Mañana, listos para cruzar a Camboya!

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