Honeymoon – Cruzando a Camboya – Phon Phen – Días 12 y 13

Esta mañana en el trayecto de Phon Phen a Siem Reap, he estado como una hora y media de bus escribiendo el día 12 que suponía la entrada en
Camboya. Como el jodido WordPress ha decidido unilateralmente borrar todo lo que he escrito, voy a resumir lo que fue el día de ayer: una frenética salida desde Phu Quoc a las 8 de la mañana (consiguiendo pasaje en barco de milagro) hasta llegar a la capital Phon Phen, la llamada perla de Asia a las 4 de la tarde. Aquí llegamos cansados, sudados, hambrientos y sin hotel, pero contentos de haber podido hacerlo todo en el mismo día.

Una vez que salimos de Phu Quoc y llegamos a Ha Tien, dos motos nos llevaron al puesto fronterizo de Prek Chak, dónde nos tramitaron la Visa por 36$ (pensábamos que nos habían timado, pero resulta que no, que el precio cambió en octubre de 2014 -antes eran 20$-) y después nos llevaron a un pueblo (todo ello a un precio desorbitado para el país) donde cogimos una mini van de línea super incómoda y sin A/A, pero en 4 horas llegamos a destino y reservamos un hotel desde el bar de una gasolinera, el primer sitio que encontramos con WiFi en las afueras.

El trayecto en moto fue uno de los primeros regalos que me ha ofrecido este país, ya que pude contemplar los verdes paisajes, campos de arroz y montañas al fondo, además de la vida a ambos lados de la carretera. Aquí pude ver también el tipo de viviendas en las que habitan los camboyanos (al menos a ambos lados de la carretera). Casas de madera, en su inmensa mayoría, cimentadas sobre pilares, también de madera, a unos dos metros del suelo, supongo que para que no se les inunde con las tan frecuentes lluvias, y de paso evitar que se les cuelen los bichejos que vivan por ahí.

En lo que más se aprecia el cambio de país, es en la amabilidad de su gente y en los paisajes más frondosos, pero comparten con ellos la anarquía circulatoria y la manera en la que se organizan las ciudades, en general, todo muy caótico, pero manteniendo un orden que hace que todo fluya, aunque sea lentamente.

Conseguimos habitación reservando desde la cafetería de una gasolinera, que es el único sitio que encontramos con WiFi en las afueras, y después un Tuk Tuk o remork (son los taxis de aquí, una moto con un remolque enganchado, con capacidad para transportar a 4 personas) nos lleva al hotel, que está en el centro, por 5$. Después de un buen paseo con las mochilas bajo el sol, no nos apetecía meternos en la primera guesthouse de mala muerte que encontráramos, queríamos unas ciertas comodidades que para eso estamos de honeymoon.

El hotel boutique una maravilla, 23 $ por noche, con piscina, un desayuno fantástico y una habitación sencilla pero muy limpia, bonita y cómoda.

El día ya no dio para mucho más. Dormimos una hora porque estábamos al borde de la extenuación, y luego nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad, a beber cervezas camboyanas (a medio dólar la jarra de barril) y a degustar comida camboyana a orillas del Mekong.

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Mekong

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The king

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Pagoda cercana al palacio real

Super contentos de haber venido aquí. Phon Phen tiene una pinta estupenda, la comida no es tan buena como la vietnamita, pero es barata (aunque igual o incluso algo más cara que en Vietnam dependiendo del sitio), la ciudad está rebosante de vida, y se respira mucho buen rollo con las sonrisas interminables de los camboyanos

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Paseando al perrito

Lo que no me gusta es que he visto a mucho señor mayor occidental con chicas muy jovencitas de aquí. Demasiado jóvenes como para no preguntarte cosas. Tampoco me gusta que se utilice a los niños como reclamo para pedir o vender cosas, eso en Vietnam no lo vi. Por lo demás, nos alegramos de haber venido aquí, aunque hayamos tenido que sacrificar la costa y la montaña, ya no somos capaces de estirar más el tiempo si queremos disfrutar

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Amok, plato tradicional camboyano

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Marisco del Mekong

Mañana, le dedicaremos todo el día a intentar conocerla un poco más en profundidad.

DÍA 13

Hoy nos permitimos la licencia de no madrugar, así que nos levantamos a las 8.30 para intentar acumular algo de sueño para cuando nos falte ;p

Nuestra idea era pasear por todo el centro a pie y visitar el palacio real y los campos de exterminio de Choeung Ek.

Esta fue nuestra primera visita. Situado a unos 8 km a las afueras de Phon Phen, es una visita obligada si quieres conocer un poco más sobre la barbarie cometida aquí por los jemeres rojos entre 1975 y 1978.

Ahora mismo poco queda de lo que fue en su momento, ya que se destruyó después de la caída del régimen, pero mediante un recorrido con audio guía, puedes conocer los puntos más oscuros de este cruento período. El recorrido de los prisioneros hasta que eran asesinados, los engaños que empleaban para que no se volvieran contra ellos (les decían que los iban a trasladar a una nueva casa), o las técnicas que utilizaban para matarlos, a todos ellos con arma blanca: palos, hachas, barras de hierro… Escalofriante. Era más barato matar así. Ni los bebés se libraban de la masacre. Es más, quizá su muerte fuera la más terrible de todas, por lo cruel, lo sanguinaria y lo despojada de cualquier tipo de empatía. Una de las frases de Pol Pot era algo así como que era mejor arrancar la hierba desde la raíz para evitar que se convirtiera en mala yerba. Y pensar que este cantón murió de viejo en su casa a los 82 años… Aunque fuera bajo arresto domiciliario, sin duda, este es un claro ejemplo de que no existe la justicia en el mundo.

En 1980 se exhumaron los cuerpos de 8985 personas que fueron asesinadas aquí. 8000 cráneos se “exponen” en la estupa conmemorativa de 17 niveles que preside la entrada de este antiguo huerto. De las 129 fosas localizadas, 43 se han dejado intactas, como las que hay en la zona del lago central. Todavía se pueden ver restos de ropa hecha jirones que afloran de las fosas comunes abiertas y por otros lados, enganchadas en las raíces de los árboles, incluso también se pueden encontrar restos de huesos.

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El tristemente célebre árbol de la muerte

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Fosa común exhumada

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Jirones de ropa

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Podríamos haber ahondado mucho más en esta terrorífica época visitando el museo Tuol Sleng, la prisión conocida como S-21, el mayor centro de detención y tortura de la época, pero ya no teníamos el cuerpo para más historias desoladoras, así que le pedimos al Tuk Tuk que nos acercara de nuevo al centro, cerca del palacio real.

De camino compramos el billete de bus para viajar a Siem Reap al día siguiente, y tras comer en la planta superior de un restaurante camboyano con vistas al Mekong, fuimos a visitar el complejo del Palacio Real (que solo abre 6 horas al día – de 8 a 11 y de 14 a 17-).

Este conjunto arquitectónico de gran belleza alberga la Pagoda de plata o pagoda del Buda Esmeralda (Wat Preah Keo. Es el más destacado de todos los monumentos que conforman el recinto, debido a los baldosines de plata que cubren el suelo (5.000 por 1 kg cada uno), aunque la mayoría están tapados para si conservación y desluce mucho. Alberga además un Buda de oro decorado con 2086 diamantes. También tiene muchas piezas de artesanía jemer expuestas en vitrinas, aunque no es posible hacer fotos aquí.

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Pagoda de plata

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Después de la visita al palacio nos acercamos al mercado central a ver qué se cocía por allí. La verdad es que nos sorprende que cada vez que pedimos un mapa en el hotel, y que nos señalen los puntos de interés, siempre nos señalan los mercados, ya sean diurnos o nocturnos. En las grandes ciudades hay mercados y tiendas por todas partes. En mí particularmente no despierta ningún tipo de interés visitar estos mercados. Además de que no me gusta ir de compras y que soy terrible regateando y siempre pago mucho más de lo que debo por todo, es estresante no poder curiosear tranquilamente sin que todos te atosiguen instándote a que compres sus productos, que por otro lado, son en casi todos los puestos lo mismo. Ropa, imitaciones de diferentes calidades, cuadros, bolsos o pingos varios que para mí no tienen ningún interés.

Contrasta esta invasión de mercados en las capitales, con la ausencia total de tiendas para comprar cosas en las zonas rurales. Nos lo dijo una pareja de Barcelona que conocimos después, y pudimos comprobarlo también en una visita que hicimos a un pequeño pueblo.

En Camboya anochece rápido, a las 6.30 o así ya es completamente de noche, de modo que nos volvimos al hotel a darnos un bañito en la pisci y a darnos una ducha para ponernos guapos para cenar.

Este fue nuestro día de mayor de fiesta hasta la fecha, pues acabamos tarde en una animada azotea compartiendo fiesta con turistas y lugareños. Hasta ligué con un australiano de 20 años que se me acercó en lo que Iván fue al baño. Me hizo hasta ilusión comprobar que aún tengo público entre los de 20, con lo viejuna que estoy ya, jajajaja.

La conversación no duró para mucho porque llevaba un pedo considerable y no fluía mucho la conversación, así que tras decirnos “congratulations” unas 250 veces después de que le dijimos que éramos recién casados, se fue a ver a que otra tía se podía arrimar. Aún así, los 10 minutos de conversación que compartimos fueron suficientes para odiarle por llevar ¡6 meses viajando, con 20 años! Y lo que le quedaría supongo. Debía de tener unos padres con mucha pasta.

Y ya no nos dio más de sí la estancia en Phon Phen. Al día siguiente partiríamos temprano para Siem Reap y poder visitar así la joya de Camboya, y una de las mundo en general: los templos de Angkor. 🙂

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