Honeymoon – Siem Reap, Angkor, Kompong Pluk – Camboya – Días 14, 15 y 16

La mañana empieza un poco movida, porque vienen a recogernos 15 minutos antes de lo previsto, con los consiguientes inconvenientes que eso causa, a las 7 de la mañana y con 5 horas de viaje por delante, 15 minutos valen oro! Además se nos ha bloqueado la caja fuerte… Hay un poco de tensión en el ambiente, pero bueno, nos lo solucionan rápido y recuperamos pasaportes y dinero, un sustillo de na. Eso sí, con las prisas me he dejado unos pantalones, ays.

Tras las 5 estipuladas horas de viaje, en una mini van un poco incómoda para mi gusto, nos dejan en las afueras de Siem Reap. De allí cogemos un Tuk Tuk, que por 5$ nos deja en nuestro hotel, que está situado justo en el centro, a pocos metros de la famosa Pub Street, que es básicamente una calle llena de pubs, restaurantes, bares y puestos de comida, bebida, etc. Además de haber incontables tiendas de souvenirs.

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Hemos vuelto a encontrar un hotel genial en cuanto a la relación calidad-precio. Por 19 euros puedes disfrutar de una habitación con desayuno en el Nagara Angkor Boutique. La habitación es enorme, luminosa y limpia, además de tener una ubicación inmejorable. El personal, como siempre, maravilloso. Por ponerle unas pegas: no hay ascensor, las cortinas no son opacas y por la mañana entra mucha luz, y la ducha del baño no tiene mampara, al estilo Tailandia, pero no son pegas que hayan de disuadirte de alojarte aquí, merece la pena por el precio. Además tiene una piscina muy chula para darte un agradable bañito cuando llegas cansado y acalorado al hotel.

Ese día lo utilizamos para dar una vuelta de reconocimiento por el centro, ya que llegamos a medio día, y tras comer ya no quedaba mucho tiempo para hacer demasiadas cosas. La verdad es que Siem Reap no tiene mucho atractivo turístico como ciudad en sí. Pero está ubicada a pocos km de Angkor, punto de peregrinaje de millones de personas cada año. La oferta de ocio aquí es bastante amplia pues para uso y disfrute de todas las personas que acudimos en masa para maravillarnos con la belleza de los templos.

Como siempre, está llena de tiendas, mercados nocturnos y diurnos (con productos de calidad bastante baja, en general. Casi todos venden lo mismo, y no le veo mucho la gracia a tanto y tanto de más de lo mismo, además que como ya dije, el regateo no es lo mío y me sale todo muy caro!), casas de masaje de dudosa profesionalidad, acuarios enormes llenos de peces de esos que se comen las pieles muertas (a mí esto me da un poco de repelús), y una amplísima oferta de restauración.

Poco más que hacer. Así que hay que moverse y salir de la ciudad, que es dónde está lo verdaderamente chulo, como lo es la principal atracción no ya de la zona, sino de toda Camboya, una de las principales de Asia, y del mundo en general: Angkor.

Arreglamos en el hotel la visita de Angkor para el día siguiente, nos bañamos de noche en la piscina, nos bebimos unas cuántas jarras de cerveza (hay que ver lo barata y suave que es la birra de aquí, y lo bien que entra! Estas vacaciones me he pasado de UVEs pero bien, jajaja), y a dormir prontito que en unas pocas horas marcharíamos a comprobar por nosotros mismos, por qué Angkor es el símbolo del país.

Día 15 – Angkor

Hay muchas opciones para visitar Angkor. Puedes hacerlo en un solo día en el circuito corto que incluye la visita de los 3 templos más importantes (Angkor Wat, Angkor Thom y Bayón) o el circuito largo que incluye la visita de Angkor Wat, Angkor Thom y otros templos de relevancia, aunque también muy importantes (no recuerdo exactamente el circuito porque he perdido el mapa, cachis). Aunque también puedes hacer ambos circuitos en un día, dedicarle 2, 3 días, y los hay muy fanáticos de los templos que hasta le dedican 7 días.

La entrada de día para visitar la mayoría de los templos es de 20$, dos días 30$ y 3 días 40$ (este abono te permite visitar los templos en el plazo de una semana en días alternos, previa petición, o consecutivos) y una semana 60$. Después, hay una serie de templos más alejados en las montañas, cuya entrada no cubren estos pases y hay que comprar aparte.

También puedes elegir visitarlo en Tuk Tuk (1 día 15$ circuito corto y 16-18$ circuito largo. Dependerá del conductor u hotel, pero casi todos barajan estas cifras. Hay un suplemento de 5$ por amanecer o anochecer), en coche (más caro y menos bonito, aunque más rápido. No merece la pena en mi opinión). También se puede hacer en bicicleta, pero esto te limita al circuito corto a no ser que seas Amstrong, Contador o alguno de estos cracks ;). Es más barato, pues alquilar una bici por día suele costar 1-2$ por día. También te puedes alquilar una moto (10$ día), llegar en elefante o a pie. Hasta los puedes ver desde un globo aerostático!

Nosotros optamos por la opción Tuk Tuk. La verdad es que nos sangró el listillo del conductor, que era un listillo, porque nos hizo el circuito corto + el largo, pero no parando en todos los templos, aunque como íbamos un poco a ciegas (porque la verdad que no nos habíamos informado demasiado previamente), nos dejamos llevar a dónde el quiso. Además, como contratamos el suplemento del amanecer nos salió la broma por 35$ (“special price for you”), más los 40$ de las entradas. Aunque también es cierto que pudimos ver lo más destacado de los dos circuitos en un mismo día, ahorrándonos así una entrada.

Ojo con quien se quiera pasar de listo y colarse en un templo sin entrada (aunque es difícil porque hay mucha seguridad a la entrada), que la multa si te pillan es de 100$.

A las 5 am nos estaba esperando el chaval, así que a las 4.30 ya teníamos nuestras legañosas almas en pie. A eso no se le puede llamar ni madrugar, habría que inventarse una palabra nueva. Nos llevó a comprar la entrada, un trámite que hicimos bastante rápido (te la personalizan con tu foto), y después ya enfilamos para Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo, y el más importante e imponente de todos los templos de Angkor, para ver allí el amanecer.

La verdad que es una experiencia impresionante llegar allí de noche, prácticamente sin nada de iluminación y escuchando el sonido de los cánticos de los monjes. Recorrer la puerta de entrada y situarte delante de una pequeña masa de agua, en la que esperar la salida del Sol para que poco a poco te vaya descubriendo las 3 torres principales, que a su vez se reflejarán en el agua. Es muy bonito, de verdad, merece mucho la pena pegarte el madrugón y esperar 2 horas de pie la salida del Sol, aunque desluce mucho por las hordas de turistas que habíamos plantados allí, sacando 350 fotos iguales y luchando por un puesto en primera fila.

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Nos vamos a ver Angkor

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Amanecer en Angkor Wat

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Angkor Wat

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Intento de robo por mono malo en Angkor Wat

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Buena suerte para muchos años!

Después del amanecer, ya no nos quedó demasiado tiempo para visitar el resto del templo, que es inmenso. Tristemente solo pudimos dar una vuelta muy superficial, pero su tienes tiempo, le puedes echar las horas que quieras que no te lo acabas.

Un monete un poco cabrón me anduvo siguiendo un buen rato para ver si me podía robar mi bolsa de desayuno, pero logré mantenerme firme. La verdad es lo que me daba más miedo es que se me subiera y me arañara o algo porque iba con los brazos descubiertos aunque ni debería (no hay que olvidar que es un templo religioso), que a saber la de enfermedades que puede tener.

Una vez dentro, había un monje que te ponía una pulsera roja de hilo mientras decía unas palabras que no entendí, pero que según me he informado posteriormente, es un ritual de buena suerte.

Después de unas 2,5 horas allí, fuimos en busca de nuestro conductor para que nos llevara al siguiente templo.

La verdad que no recuerdo exactamente el orden que seguimos, pero es algo que también puedes pactar con tu conductor.

Durante 8 horas estuvimos visitando templos, y la verdad que aunque todos son muy bonitos e interesantes, al final estábamos tan cansados que no apreciábamos con el mismo entusiasmo su belleza. Si se dispone de tiempo (lo que nos ha faltado a nosotros durante todo el viaje), lo ideal es dedicarle un mínimo de 2 días y 3 idealmente, para poder apreciar su belleza en toda su plenitud.

A mí los que más me gustaron fueron Angkor Wat, el Bayón (el templo de las caras) y Ta Prohm (el famoso templo en el que se rodaron escenas de Tomb Raider). En este último es espectacular contemplar como la naturaleza le ha comido terreno a las edificaciones, con árboles que literalmente se han asentado sobre los techos, abrazándolos con sus raíces y amenazando con engullirlos.

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Bayón

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Ta Prohm

Si se está interesado en conocer en profundidad la historia de Angkor, hay amplísima información en libro y también por Internet, da para muchas horas de lectura.

Tras la visita, volvimos a la ciudad para comer (aunque el listillo del Tuk Tuk intentó por todos los medios que comiéramos por allí), y dormir unas horas porque estábamos muy hechos polvo.

El resto de la tarde el habitual ritual de cervezas y piscina, y aprovechamos para gestionar una excursión para el día siguiente.

Por la noche, unos bailoteos en el Temple y con esto ya le habíamos echado el cierre a nuestro décimoquinto día de viaje, viéndole ya las orejitas al lobo que se escondía

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en nuestro final de viaje. Snif…

Día 16 – Kompong Pluk

Habíamos planeado una excursión de medio día que incluía un atardecer en un lago, así que tuvimos la mañana libre para darnos una vuelta por los mercados de la ciudad, relajarnos en la piscina y comer.

Yo, además, aproveché para salir a correr unos km. Al principio del viaje me planteé correr en cada país que visitara, aunque fuera un poquito, así que a por ello fui.

Camboya, al igual que Vietnam, no es un país nada friendly para correr, al menos los sitios que yo he pisado. Hace un calor y una humedad de mil demonios, suele estar todo embarrado porque llueve constantemente, y como no hay zonas habilitadas para correr, te toca ir esquivando coches, motos, bicis, personas y puestos de comida. Pero como a cabezona no me gana nadie, allá que fui yo a correr por la carretera con toda la solana pegando bien. 20 minutos aguanté dignamente, 30 a trancas y barrancas, peor aún que en Vietnam. En mi vida he sudado tanto como estas veces, empapada y ardiendo, pero ahí estaba mi 2 de 2, yeah!

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La carretera de la muelte!

Al final, entre unas cosas y otras se nos había echado el tiempo encima para la excursión, pues nos iban a recoger a las 13.30 en el hotel, así que tuvimos que deglutir la comida en poco más de 10 minutos. Lo bueno vino cuando tuvimos que estar esperando 1 hora y 20 minutos a que nos recogieran.

De hecho pensábamos que nos habían timado en la agencia en la que contratamos el viaje. Nos cobraron 18$ por persona por llevarnos al pueblo flotante de Kompong Pluk, el ticket del barco, visita al bosque sumergido y contemplar el atardecer en el lago Tonlé Sap. Nos salía más barato hacerlo por nuestros propios medios que ir en Tuk Tuk (15$) y luego pagar 20$ cada uno por el ticket del barco, sin incluir el bosque sumergido y el atardecer.

Pero al ver que no venían, que les llamábamos desde el hotel (nos ayudó mucho la gente de allí, eran majísimos) y nos decían que si 10 minutos más, que si se habían equivocado de hotel, que si tal que si cual, nos empezamos a temer lo peor. Incluso echamos un par de viajes a la agencia que estaba cerca para preguntar, pero más de lo mismo. Nos pusimos de límite las 15 para pedir que nos devolvieran el dinero, pero finalmente aparecieron.

La verdad es que no daban mucha confianza porque vinieron a buscarnos en una furgoneta 4 chavales jóvenes, nos pidieron el ticket y nos llevaron a la fábrica de artesanía de Siem Reap. Y estábamos solos. Nos dejaron allí y les dijimos enfadados que no queríamos comprar nada, y nos dijeron que tenían que cambiar de coche y que sería solo un rato hasta que volvieran a por nosotros. Nos olía a chamusquina pero no teníamos mucha opción, así que estuvimos por allí un rato viendo los procesos de creación de más diferentes artesanías, hechas todas a mano, claro. Nos explicaron lo que se tardaba en hacer cada pieza, y los procesos que se seguían, y te hacían una visita por los talleres donde podías verlos trabajar. Después de eso te llevan a la tienda por si quieres comprar, pero afortunadamente vinieron antes a por nosotros. No es que las artesanías no merezcan la pena, son bonitas y están bien trabajadas, pero aparte de ser muy caras, la verdad es que no contratamos una excursión para que nos lleven a comprar. Por Dios, aquí todo es comprar, se creen que somos monederos andantes, y cualquier tío de Tuk Tuk, se saca en un día bastante más pasta que yo en mi trabajo y habría que ver quién curra más. Yo apuesto por mí.

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Artesanas en acción

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Artesano

En fin, que cuando nos montamos en la furgo vimos que había mucha más gente (bien!) lo que nos dio cierta tranquilidad y además, justo delante había una pareja de catalanes con la que estuvimos charlando en nuestro idioma, que siempre es de agradecer. A ellos habían ido a recogerlos también 1 hora y media tarde, o sea que no fuimos los únicos damnificados.

Por lo que nos estuvieron contando, ellos habían dedicado su viaje a las zonas rurales, en la parte sureste del país, alojándose en casas particulares (en las que te tenías que bañar con cubos de agua). Y allí no había nada para comprar, ni médicos ni nada (un problema para ella que tuvo un accidente de moto), pero es otra forma de viajar muy chula donde experimentar una parte del país mucho menos turística y más real de lo que es allí la vida. Para otra vez!

Tras algo más de 1 hora de viaje llegamos la zona en la que hemos de tomar el barco que nos llevará al pueblo de. Kompong Pluk. Tras media hora o más de navegar por un río, empezamos a ver las primeras casas flotantes y la vida a ambas orillas. En realidad, no son casas flotantes sino que están construidas sobre altos pilares de madera. El pueblo es “flotante” en parte, y está situado en una zona rural. Llegamos a lo que sería el centro del pueblo, y es una carretera ancha de tierra, por una lado con las casas que dan al río, y por otro casas construidas también en las alturas, pero ya sobre tierra firme. Esto es como nos habían contado los catalanes, sin tiendas, ni mercados turísticos a pesar de que reciben muchas visitas. Tampoco se te acerca nadie a venderte nada, cosa que es de agradecer, y la gente no sabe hablar inglés. Tampoco hay hoteles, aunque sí casas de huéspedes en las que te dan alojamiento y 3 comidas por 10$ al día. Además, hemos tenido la suerte de venir en época de festival, así que está la cosa muy animada.

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Tras la visita tomamos de nuevo el barco para ir al bosque sumergido cuya visita, oh sorpresa, no está incluida en el precio. 5$ más por barba. Se supone que este dinero va íntegramente destinado a las mujeres viudas que manejan las barcas por las entrañas del bosque. Es la manera en la que subsisten y sacan adelante a sus hijos. Nos lo tendremos que creer.

Así que pagamos y nos montamos en una pequeña barca de madera para dar un paseíto de media hora por entre los árboles. Este bosque no siempre está sumergido, es normalmente durante la estación húmeda cuando se da esta estampa. Las abundantes lluvias son las que propician que se acumule la masa de agua que permite navegar entre los árboles, que quedan parcialmente sumergidos. La verdad que es un paseo muy evocador y bonito, además de relajante. Merece la pena y lo recomiendo.

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Compi de barca 🙂

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Por último, nos montamos de nuevo en el barco grande, para ir al lago Tonlé Sap a ver la puesta de Sol, aunque como fuimos tarde y estaba bastante nuboso no la pudimos ver todo lo bien que deberíamos. Hay ver que lo pesado que era el guía, que cada vez que nos veía con la cámara nos la cogía para hacernos un montón de fotos iguales y mal hechas, encima. Supongo que esperaba una propina por ello, pero lo llevaba claro teniendo en cuenta el retraso que nos habíamos comido.

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El atardecer en el lago

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Tras ver el bonito atardecer y hacer las fotos pertinentes emprendimos en retorno por el río. Como ya empezaba a escasear completamente la luz, el conductor del barco iba muuuuuy lento, y el regreso se alargó muchísimo, navegando más de una hora completamente a oscuras en la cubierta del barco y sirviendo de alimento para los mosquitos. Aún así, me encantó todo, fue una excursión maravillosa.

Cuando ya nos tenían que dejar el el hotel tuvimos un problema con el ticket. El guía de la excursión nos lo reclamaba, y nosotros le decíamos que se lo habíamos dado a los primeros tipos que vinieron a recogernos.

Hasta que conseguimos entendernos con él e hicieron las gestiones pertinentes para chequear nuestra versión, nos “retuvieron” dando vueltas en la furgoneta. Al final ya nos empezamos a cabrear y al final se disculparon y nos dejaron en Pub Street, que no en nuestro hotel. Un poco negligente todo, la verdad.

Como se nos había hecho ya muy de noche, no nos quedó ya más tiempo que para ducharnos y salir a cenar, apurando nuestras últimas horas en territorio camboyano, ya que al día siguiente teníamos el vuelo de vuelta a Kuala Lumpur, en el que gastaríamos nuestros últimos 3 días, dando por finiquitado el viaje.

Ese día para cenar decidí arriesgar un poco pidiéndome una hamburguesa de cocodrilo, por aquello de probar cosas nuevas y tal (porque con las cucarachas ya no me atreví). Antes de pedirla le pregunté al camarero que si estaba buena. Aunque fue un poco ambiguo con lo de que era “diferente”, aún así la pedí.

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Al ataquerl!

El aspecto puede ser el de una hamburguesa de carne normal, pero no se parece en nada. Es una carne de sabor fuerte, correosa y dura. Te encontrabas muchos trozos inmasticables. Mezclada con todo pasaba, pero si la comías sola costaba. El olor fuerte. No repetiría y no la recomiendo, la verdad.

Y con esto y un bizcocho, a hacer la mochila por vigésima vez y mañana, otro madrugón más para poner rumbo a Malasia.

Hasta más ver! 🙂

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