Split (4a parada)

Split es otra bonita ciudad de estilo medieval, y la segunda más grande de Croacia después de la capital, Zagreb. 

Nada más llegar, nos dirigimos como siempre a buscar el apartamento y acomodarnos, sobre todo para poder quitarnos las mochilas de espalda, que se llegan a hacer cansinas. Además el viaje en bus había sido el primero de todos los tortuosos que sufrimos después. Al tiempo que te decían que tardaba tenías que sumarle mínimo una hora más, muy poca seriedad en ese sentido.

Antes de llegar fuimos a sacar dinero porque no teníamos más que unos 3 o 4 euros en efectivo, y el apartamento, como de costumbre, había que pagarlo en efectivo. He llegado a odiar mucho durante este viaje, de tanto oírla, la frase “only cash”. Pero mucho. Casi nada aquí se paga con tarjeta, lo cual es bastante incómodo para viajar. Nosotros nos vinimos de España con poco efectivo para tirar de tarjeta, pero una vez aquí nos dimos cuenta de que no podíamos funcionar bien así, de modo que hemos perdido bastante dinero en comisiones, pero bueno…

Uno de los momentos más tensos del viaje vino cuando tiramos a sacar y no había manera. Probamos con 10 cajeros diferentes y con las dos tarjetas, pero nada, imposible. Así que decidimos ir al apartamento, explicárselo al dueño y que nos dejara pagar después, que no puso ningún problema. Tuvimos que hacer varias llamadas a VISA y a nuestro banco, pero la verdad que no nos solucionaron nada. Al final, volvimos a probar en un cajero y pudimos sacar, yupiiiii! Menudo susto, más de una semana de vacaciones y sin un clavo. A todo esto mi tarjeta jodida y solo teníamos una operativa. Mala previsión, para variar.

Mientras estábamos con las gestiones de la tarjeta, el padre de la familia propietaria, que vivía justo abajo, nos trajo un brick de zumo y un pastel entero típico de aquí, el strudel. Es como una tarta de hojaldre rellena con una crema de queso parecida a la crema pastelera y mermelada. Super bueno. Además estaba recién hecho. Pensamos que era un regalo de bienvenida, pero la verdad que fue la tónica habitual, los otros días que estuvimos nos traía bocadillos y más pasteles y nos intentaba contar cosas, pero no nos entendíamos mucho porque el hombre no hablaba nada de inglés, pero la verdad que era super amable.

La tarde la dedicamos a perdernos por la ciudad y callejear, es lo mejor que puedes hacer en esta preciosa ciudad. Sus mayores atractivos en cuanto a monumentos son el Palacio Diocleciano y la Catedral (que es feúcha en mi opinión), pero lo que mola es pasear entre callejuelas y edificios de piedra.

También estuvimos paseando por todo el paseo marítimo y fuimos a buscar las playas. Super bonitas y de aguas cristalinas, sin monstruosos edificios alrededor, aguas calmadas, no masificadas… Una maravilla! Nos encantaron las playas de Split!


Desde Split se pueden hacer excursiones barco a islas cercanas, como Hvar (la denominada Ibiza croata) o Brač. Nosotros nos decantamos por esta última, ya que en uno de sus pueblos, Bol, cuenta con la playa del cuerno de oro. Se llama así porque es una formación de tierra que se mete en el agua y hace esa curiosa forma de cuerno.

Para llegar allí tenías que coger un barco que zarpaba desde el puerto, con varias salidas diarias (y con opción de coche) y navegar durante unos 50 minutos. Una vez allí había que coger otro transporte para llegar a la localidad de Bol. Nosotros elegimos bus por ser opción más barata, pero tardaba una hora, porque aunque está a veintipico km, la carretera discurre por la montaña y hay que ir despacito. Después, hay que andar otros 20′ para llegar a la playa, pero realmente merece mucho la pena. Es una de las playas más bonitas en las que he estado nunca. Aguas limpísimas y cristalinas, piedrecita blanca y todo rodeado de montañas. Yo creo que poco o nada tiene que envidiar a las playas del Caribe o de Asia, y he estado en algunas de ellas.

Al llegar de la isla compramos los billetes para Mudarse Mostar, en Bosnia y Herzegovina, que sería nuestro siguiente destino, y tras la ducha en el hotel fuimos a cenar a Fife, un local de comida croata, y también de pescado y carne, que al estar tan concurrido, a no ser que seas un grupo muy numeroso, te va a tocar compartir mesa con otros con desconocidos, pero está guay. Merece la pena si no eres muy celoso de tu intimidad.


Después de eso, apuramos las últimas cervezas por esta maravillosa ciudad que tanto nos gustó, y a dormir que al día siguiente tocaba cambio de país.

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