Dubrovnik (final del trayecto)

Habíamos dejado para el final la “artillería pesada”. Te venden Dubrovnik como la ciudad más bonita de toda Croacia, y aunque probablemente lo sea, creo que adolece de otras cosas y además, tanto turismo, le hace daño en algunas cosas.

Dubrovnik es la ciudad medieval por excelencia. No en vano, muchos escenarios de la famosa serie Juego de Tronos están localizados aquí. Lo que es la parte vieja de la ciudad está rodeada por una muralla muy bien conservada (de algo más de 2km) que, no obstante, hubo de ser reconstruida en algunos puntos debido a los daños que sufrió durante la guerra. Pero lo cierto es que está genial. Dentro cuenta con numerosas joyas arquitectónicas, empezando por sus callejuelas estrechas, con edificios y calles de piedra, interminables escaleras y varios monumentos y templos. La fuente de San Onofrio, la iglesia de San Blas, la torre del campanario, la Catedral o el Palacio del rector, son solo algunos ejemplos de toda la historia que hay contenida entre las murallas. Y hay que verlo, recorrerlo y disfrutarlo. Lo malo es que cuando algo es tan turístico al final pierde un poco su esencia. Realmente no parece que Old town forme parte de la vida real y diaria de los habitantes de allí. Está todo lleno de tiendas de souvenirs, hoteles y restaurantes. Al final como en casi todas las ciudades que viven de turismo, solo que aquí es quizá más evidente. Y está muy masificado. Los cruceros hacen parada aquí (de hecho yo conocía la ciudad de cuando la visité hace años en un crucero que hice por el Mediterráneo), y hay mucho trasiego de gente y grupos con visitas guiadas, que hacen poco incómodo el pasear por la ciudad. 

Lovrijenak

vistas desde el fuerte Lovrijenak


Pero es normal que nadie quiera perdérselo, porque es de las ciudades más bonitas en las que he estado. Los acantilados que rodean las murallas bañadas por el mar, ofrecen también una vista impresionante, que se aprecia muy bien desde las alturas del fuerte Lovrijenak.

Nuestra parada en Dubrovnik fue la más larga de todo el viaje, 4 días que reservamos para el final, para poder aprovechar más sin perder el tiempo en trayectos.

Nuestro apartamento estaba localizado a unos 3 km del centro. Al princ nos dio un poco de bajón, pero luego nos alegramos porque la zona de Lapad en la que estábamos alojados, en la parte de arriba la montaña, tenía muchas mejores playas y era más fácil moverse, aunque también es cierto que la oferta de ocio y servicios era mucho menor que en la ciudad.

De los tres días dedicamos dos a ir a la playa de Lapad un día, y Copacabana otro. Entre sol, playa y cervezas transcurrieron esos días muy tranquilos.


Para el tercer día compramos la tarjeta turística de un día, que te incluía transporte público ilimitado durante 24 horas y entradas a varios monumentos de Old Town. Vale mucho la pena, porque si la compras online cuesta 150 kn y ya casi la amortizas con la entrada a la muralla que cuesta 120 kunas (1€=7,5kn).

El día estuvo genial hasta que un tipo nos puso un cebo para comer en un restaurante. El fatídico Gusti. En Dubrovnik es todo MUY caro. Comparado con otras ciudades de Croacia se lleva la palma. Es lógico al ser la ciudad más turística, pero lo que no es normal es que haya sinvergüenzas y ladrones como los del restaurante en el que tuvimos la mala suerte de caer, el peor de todos los que hay allí según TripAdvisor.

El hombre gancho del restaurante nos “cebó” con un menú de 90kn que incluía ensalada o sopa, pollo o lubina y postre. Nos decidimos por el menú porque por 12 euros, para lo que había por allí nos pareció bien de precio. Pero nada más llegar las cosas ya empezaron a ir mal. Nos sentaron en una mesa coja y minúscula al lado del wc. Y no es una exageración, a 5 cm de la puerta del wc que me tenía que apartar para que pasara la gente. Estaba todo petado y como llovía estaban las mesas tan juntas que era un agobio. En la carta no ponía precio de bebidas, lo cual ya nos escamó, pero como habíamos andado mucho y nos apetecía pedimos cerveza. Error.

El menú consistía en un tazón de sopa de sobre, y mi ensalada era literalmente una vergüenza: 3 hojas de lechuga, 3 trozos de tomate y un pelín de zanahoria rallada de bolsa. Lo juro. El segundo era 2 mini filetes pollo con un puñadín de patatas y mi lubina, no era lubina. Dos filetitos de panga congelada con patata cocida revenida y unas pocas de judías cocidas sin sal. El oeste postre un crêpe con mermelada, medio crudo. 

Por esa mierda de comida que tardaron 2 HORAS EN SERVIR nos cobraron 50 euros. 20 euros por las cervezas, 26 por la “comida” y 3 euros y pico el concepto de “cubierto” por cada uno. De chiste. Ya no es que sea un robo, que lo es. Al final lo que te jode es que tomen el pelo, porque no es tanto dinero. Es que cuando se lo dijimos al dueño se empezó a hacer el loco. Le dijimos lo de las cervezas y nos dijo que la grande (medio litro) valía eso. Yo le dije que no había pedido la grande, pero el tipo se hacía el tonto. En fin. Al final pagas encabronado y no puedes hacer mucho más. Luego ya vimos que solo habíamos sido otras víctimas más. Qué pena que en los sitios turísticos se puedan permitir seguir robando y timando a la gente, ya que tienen clientes por castigo. Pero da una imagen lamentable de la ciudad, este tipo de sitios dan mala fama.

Después de mala experiencia se nos cortó un poco el rollo, y además tuvimos la mala suerte de que se puso a llover mucho, así que nos volvimos para el hotel y solo salimos para cenar. Por cierto, recomiendo para comer la pizzería Scala en la zona de Lapad. Nosotros fuimos 3 veces y estuvo muy bien. Cantidad, calidad, buen servicio y rápido. Además muy bien de precio para que es aquello.

El día siguiente, que ya era el último nos planteamos hacer una inmersión, ya que desde el año pasado no habíamos buceado, y la verdad que desde que tenemos el Open Water solo lo hemos hecho una vez. Otra opción era visitar la isla de Lokrum, que está muy cerca y salen varios barcos diarios desde Old town por 100kn ida y vuelta. Es una isla sin habitantes (más allá de los conejos y pavos reales), tiene una cueva, calas de rocas y un monasterio que alberga en su interior el famoso Trono de hierro de Juego de Tronos. 

Pero al final de todo decidimos dejarnos el último día que siempre es más bajón simplemente a disfrutar de un tranquilo día de playa. Y la verdad es que el tiempo no estaba muy allá, y la opción buceo era muy arriesgada. La de la isla suponía estar todo el día fuera y también era posible que nos pillara otro chaparrón. De hecho, por la tarde volvió a llover, pero al menos pudimos disfrutar de otra maravillosa mañana de playa. Por la tarde, cayeron las últimas cervezas muertos de la pena, porque todo siempre acaba, de una forma u otra.

Al día siguiente salía pronto el avión, pero eso nos permitió disfrutar de otra bonita jornada visitando Barcelona, que es una ciudad de la que nunca te cansas.

Y eso es todo amigos. Otras geniales vacaciones que no hacen sino reafirmar que a mí lo que me mola es vida nómada, que el mundo está para comérselo, que no te lo acabas. Que viajar es lo mejor, experiencias sin parar. Vida. Pura vida.

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2 Respuestas a “Dubrovnik (final del trayecto)

  1. Hola Ardardina.
    Espectaculares fotografías de Dubrovnik, nos dan ganas de hacer las maletas y ir a conócela jejee.
    Eso si tendremos en cuenta tu post y lo haremos cuando sea temporada baja y no paren los cruceros.
    Saludos amiga 😉👍

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