Mostar (5a parada)

El viaje a Mostar fue, con diferencia, el más incómodo de todos los “sufridos” en estas vacaciones. Una tartana de la edad de Cristo, incómoda a rabiar. Supuestamente trayecto era de 3,5 horas, pero era una mentira cochina, la realidad fue que nos chupamos 5 horacas de trayecto, menos mal que la tartana al menos tenía aire acondicionado. Lo malo de los cambios de país es que el paso por la frontera siempre es muy lento. Se forman unas colas horribles y si hay mucho bus es peor, por hay que comprobar todos los pasaportes o documentos de identificación de los pasajeros.

Nada más llegar, nos fuimos a buscar el hotel (el único hotel de todo el viaje, ya que el resto de veces nos hemos alojado en apartamentos), que estaba situado en la zona Católica.

Mostar es una ciudad segregada, en la que conviven dos comunidades claramente diferenciadas y separadas por un puente, el famoso Old Bridge (Stari Most) que es el emblema de la ciudad. A un lado están los musulmanes, y al otro luz católicos, y no se suelen mezclar entre ellos ni cruzar al otro lado del puente.


El famoso puente es una antigua construcción con siglos de historia que tuvo que ser reconstruida por la UNESCO (por el montante de 17M de euros) porque quedó destruido tras la guerra de los Balcanes que enfrentó a los países de la antigua Yugoslavia. El río Neretva , el cual atraviesa es el que, a su vez, divide la ciudad en dos, y lo cierto es que se nota bastante la separación.

Nuestro hotel estaba ubicado en la parte católica, y nos pillaba algo alejado de la estación de buses, pero lo peor fue cuando se nos puso a llover a cántaros, y además tuvimos algún problema para encontrar el hotel. Al final llegamos y nos estaban esperando dos buenos señores que no hablaban NADA de inglés. Nos explicaron, como buenamente pudieron, que el dueño del hotel (su hijo) estaba enfermo y que le estaban supliendo, pero es que era prácticamente imposible entenderse con ellos. Nos dieron un mapa y nos fuimos a hacer el primer reconocimiento cuando paró de llover un poco. 

Otra vez nos topamos con el problema del dinero, ya que al haber cambio de moneda volvíamos a estar sin nada de dinero, y para variar, exigían efectivo en casi todos los sitios, incluido el hotel. Al menos aquí tuvimos suerte y pudimos sacar en el primer cajero que encontramos.

Pasamos día y medio en Mostar, pero es una ciudad a la que perfectamente le puedes dedicar un día. Es bonita, pero enseguida la ves porque lo que es el casco histórico que gira en torno Stari Most, son 4 calles que nosotros llegamos a recorrer muuuchas veces. Si no crucé el puente 30 veces no lo crucé ninguna.

Aparte del puente y las calles adoquinadas que lo circundan y que están repletas de tiendas de souvenirs, las visitas “obligadas” no son muchas. La parte musulmana está salpicada de mezquitas, bastante similares entre sí. Merece la pena visitarlas, y subir al minarete de la de Tabajica Dzamija ya que ofrece unas bonitas vistas de la ciudad, y sobre todo del río y del puente.


La parte católica tiene la iglesia xxx, cuyo campanario es el edificio más alto de ciudad y una Catedral reciente construcción (año 1991) de un estilo como futurista (no sabría describirlo) y fea a rabiar. No merece la pena andar hasta ella.

Aparte de eso, hay otras visitas que se pueden hacer, como las termas árabes, otro puente que hay bajando unas escaleras y que también es muy antiguo y bonito, Kriva krupija, y si tienes coche ir a las cataratas de Kraviza, que pillan algo lejos. Se pueden visitar las torres que flanquean el Stari Most y que albergan museos con exposiciones sobre guerra. Pero de lo más encantador que puedes hacer es pasear, tomarte algo y disfrutar del ambiente y encanto de la ciudad, que es mucho.

Nosotros descubrimos un bar motero de rock al lado del río, que tenía cerveza barata y música en directo, y nos hicimos los mejores clientes en el tiempo que pasamos allí. Era super agradable degustar una jarra bien fría de Ozujsko mientras escuchabas buenos clásicos de rock versionados en directo por cantantes locales. Si no fuera porque me frieron los mosquitos le hubiera dado 10.

Al día siguiente salí a recorrer mis 6 o 7 km bosnios en el lugar más unfriendly en el que he corrido en mi vida tras Camboya y Vietnam. Coches muy poco respetuosos que saltaban pasos de cebra y no se alejaban nada para adelantar. Muy mal!

Ese día que fue que dedicamos a todas las visitas (con varios fails como el cementerio de los partisanos -un vertedero-, la Catedral y un mausoleo que nunca llegamos a encontrar), fue gastronómicamente el mejor. Recomiendo a todo el mundo Hindin Han, restaurante de comida local muy rica (también con las típicas comidas para guiris sin paladar). Cocinada con amor como a mi me gusta, grandes cantidades y barata. El emplazamiento fantástico, además, y se podía pagar con tarjeta! Cabe destacar, nuevamente, que la comida Bosnia no es ninguna maravilla tampoco. Es muy similar a la croata, de hecho comparten plato “estrella”, el ćevapčići, que son unas salchichas especiadas sin tripa que te sirven a porrón junto a una montaña de patatas fritas. 

Después de la cena, otra vez el clásico cerveceo (salimos a una media de 1,5 – 2 litros por persona y día, que no decaiga la fama!) en nuestro bar preferido de Mostar, el black Dog y para el hotel que al día siguiente tocaba de nuevo viaje con paso fronterizo incluido, de vuelta a Croacia.

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2 Respuestas a “Mostar (5a parada)

  1. Hola amiga.
    Muy bonita Mostar, gracias por la información no conocemos Bosnia-Herzegovina y gracias a tu blog nos encanta jejee
    Saludos amiga 😉👍

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