Roscón de Reyes

Como, supongo, casi toda la población española, soy una fanática del Roscón de Reyes. Es un dulce maravilloso, con una textura y un sabor tan peculiar, que me podría comer uno entero de una sentada. Así que este año, por segunda vez, me he decicido a elaborar el mío propio, porque además, te ahorras un montón de dinero, ya que en las pastelerías en las que se elaboran de forma artesanal, es raro encontrarlos por menos de 15 euros (tamaño mediano). Las opciones de Mercadona, Corte Inglés, días, etc aunque resultonas, nunca llegan al nivel de uno hecho a mano en un obrador.

Así que esta es mi versión del Roscón de Reyes, relleno de nata en mi caso. Como es una masa complicada, y requiere de bastante precisión en la elaboración, me he basado casi al pie de la letra en la receta de Webos Fritos, que también hice la primera vez y con buenos resultados. En este post os comento mi experiencia, mis tiempos de reposo y cocción y, en general, cómo quedaron los míos con alguna pequeña variación que introduje en la receta, con muy buenos resultados.

INGREDIENTES (2 roscones medianos, de unas 8-10 raciones)

Masa madre

– 70 g de leche entera
– 10 g de levadura fresca de panadería
– 1 cucharadita de azúcar
– 130 g de harina de fuerza

Masa del roscón

– 60 g de leche entera
– 70 g de mantequilla a temperatura ambiente
– 2 huevos medianos
– 20 g de levadura fresca de panadería
– 25 g de agua de azahar —al gusto—
– 450 g de harina de fuerza
– 1 pizca de sal
– 120 g de azúcar glas
– La piel de medio limón
– La piel de media naranja

Relleno

– 750 gr de nata para montar 35,1% materia grasa
– Azúcar glass al gusto
– Una pizca de azúcar avanillado
– 3 sobres de natafix (la marca que usé fue Dr. Oetker)

Decoración

– 1 huevo batido
– Almendra cruda laminada
– Azúcar de caña ligeramente humedecida

PREPARACIÓN

0. Abrirse un tercio o ponerse una copa de vino. 🙂

1. Primero hay que elaborar la masa madre, para ello tan solo hay que templar un poco la leche (que no esté muy caliente) y diluir la levadura, añadir la cucharadita de azúcar y remover. Después, echar el resto de ingredientes la harina y añadir la leche con la levadura. Mezclar bien, amasando con las manos hasta integrar bien todos los ingredientes.

Una vez intregrados, hacer una bola con la masa y meter en un bol con agua templada hasta que flote. A mí me tardó unos 15 minutos.

2. Mientras tanto iremos preparando la otra masa. Nuevamente hay que templar la leche y diluir ahí la levadura. Se le puede echar en la misma leche una cucharadita de azúcar porque activa más la levadura, pero no es imprescindible.

Verter en un bol grande la harina tamizada y el azúcar, los huevos y la mantequilla que ha de estar a temperatura ambiente (blanda pero no líquida).

Rallar media piel de la naranja y media del limón, sin llegar a la parte blanca que amarga. Añadir también el agua de azahar (no pasarse mucho de la medida, que da un sabor muy intenso), la pizca de sal y la levadura diluída.

Removemos un poco los ingredientes y a continuación, pasados los 10-15 minutos de reposo de la masa madre hasta que haya flotado en el agua, añadir también a esta mezcla y empezaremos a amasar a mano, sobre una superficie lisa ligeramente aceitada, hasta conseguir una masa bien homogénea y elástica, que no sea pegajosa.

Una vez conseguido, hacemos una bola con la masa y la dejamos reposar en un recipiente grande tapada con film transparente (pegado a la masa para que no se reseque) y la dejamos reposar hasta que doble e incluso triplique su tamaño (como en mi caso). No serán menos de 5 horas, yo la tuve 5,5 horas y triplicó.

3. Pasado este tiempo, cogemos nuestra masa y la partimos en 2 para dos roscones medianos-grandes. Si la dejamos entera nos saldrá un mega roscón. Y si la dividimos en 3 nos saldrán 3 entre pequeños y medianos.

Veremos que la masa está como hinchada y llena de aire, así está bien. 

Con las dos partes de masa formar dos bolas y dejarlas reposar unos 5-10 minutos.

A continuación, vamos a darles forma de roscón. Para ello, hacemos un agujero en el centro que iremos agrandando con las manos. Así hasta darle la forma de roscón con un agujero central bastante grande, porque si no cuando aumente de tamaño nos podemos quedar sin agujero central.

La masa es elástica, pero no tiene que encogerse mucho. Si esto sucede es mejor dejarla reposar otros 10 minutos antes de seguir dando forma.

Se le puede poner un aro metálico aceitado en el centro, pero no es necesario si el agujero es mi suficientemente grande.

Procurar que la forma sea bien redondita y con la masa sin irregularidades, que luego queda más chulo. 

Si queremos meter figura en la masa (que no sea de plástico) es el momento, bien envuelta en film. Yo la puse una vez horneado porque la mía era de plástico.

Cuando ya tengamos los dos roscones formados, pasamos cada uno, con cuidado, a una bandeja con un papel de horno, para iniciar el segundo levado de la masa.

Para este segundo levado yo lo dejé 2 horas y media, hasta que duplicó su tamaño. Hay que tener en cuenta que debe estar en un sitio de la casa calentito. Si hace mucho frío el proceso se ralentiza.

4. Ponemos a calentar el horno con calor arriba y abajo a 200°.

Mientras tanto batimos un huevo y pintamos bien los dos roscones con el huevo. 

A continuación distribuimos la almendra laminada por la superficie (vale comprar almendras crudas enteras y laminarlas tú, que es lo que yo hice).

Como último paso para la decoración, echar agua en un recipiente y añadir unas gotas de agua de azahar.

Poner azúcar de caña en otro recipiente, humedernos los dedos en el agua aromatizada y coger pellizcos de azúcar, que mojaremos ligeramente con los dedos (¡no mucho que se derrite!)  y distribuirlos por la superficie del roscón.

5. Toca el turno del horneado.

Yo lo hice de uno en uno, no me atreví a meter los dos a la vez. Introducimos a media altura la bandeja y horneamos a 200° 10 minutos. Después, bajar a 180° y hornear 6 minutos más u 8 si tu horno es algo flojo, pero no más que se reseca.

Hay que ir vigilando, pero como a los 12 minutos yo le puse un papel de aluminio por encima para que no se quemara y se dorara en exceso. Me quedé justo al límite de que esto pasara. 

6. Una vez transcurrido el tiempo de horneado sacar y dejar enfriar sobre una rejilla.

7. Mientras se enfría, montamos la barra para el relleno. 

La nata ha de estar fría, no vale temperatura ambiente. Y además, yo siempre meto las varillas y el recipiente donde la voy a montar al congelador hasta el momento justo de entregar el proceso.

Se puede hacer a mano o con batidor, que es mucho más rápido.

Echamos en el recipiente la nata, azúcar glass al gusto, un par de cucharadas de azúcar vainillado y los 3 sobres de natafix (endurecedor para que le dé consistencia).

Y a batir hasta que esté bien montada, que le des la vuelta al bol y no se mueva ni se caiga. Cuidado de no pasarnos que haremos mantequilla.

Mi consejo es ir añadiendo azúcar poco a poco e ir probando para no pasarnos de dulce.

Una vez montada, la metemos en la nevera que repose una media hora, al menos.

8. Cortar el roscón por la mitad con cuidado de que no se rompa. Recomiendo usar un buen cuchillo de sierra, grande.

Separamos las mitades y en la base iremos poniendo la nata que, previamente, habremos introducido en una manga pastelera. 

Y ya solo nos queda poner una buena capa de nata en la base y después tapar con la mitad superior del roscón.

Y listo para disfrutar. Es una maravilla, de verdad!! 🙂

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