Día 1 Ciudad de Panamá (continuación)

Por fin conseguimos salir del avión y, como buenos mochileros, tenemos que huir de los traslados en taxi del aeropuerto a la ciudad (35$). Para ello, hemos comprado unas tarjetas de metro bus que cuestan 10$ y traen 3$ de recarga (es una especie de tarjeta de crédito que puedes recargar las veces que quieras). Un trayecto cuesta 1, 25$, pero mi recomendación, si alguien quiere coger el transporte público, es que pase de metro bus y coja cualquier bus público que se paga en efectivo, cuesta igual y tarda mucho menos en pasar. Aparte hay muchos mini van que te llevarán al centro por muy poco, y pasan constantemente reclamando tu atención para que subas. No vale la pena la tarjeta del metro bus.

Después de eso, hemos tenido que coger otro bus (gracias a la ayuda de un chico que nos ha dicho cuál coger, porque estábamos más perdidos que el barco serio arroz), y en plena “hora viva” (hora punta), atravesar el centro de la ciudad en un bus público (0’5$) hasta un centro comercial que quedaba cerca de nuestro hotel.

Como aquí el tema de las calles es un poco caótico (se llaman por números pero en realidad tienen un nombre), hemos estado unos 40 minutos dando vueltas a las cuadras (manzanas) hasta que por fin, después de preguntar 35 veces, hemos dado con el Paradise Hostel, que ni un triste cartel tenía en la puerta.

Los 11,5 kg de mochila, sandalias de 3 mm de suela y el 98% de humedad relativa es lo que casi consiguen que me ponga a llorar, antes de franquear la puerta de este Hostel, que parece una vieja mansión reconvertida.

Este sitio tenía muy buenas opiniones en Booking, pero la verdad que no es lo que esperaba: no se puede pagar con tarjeta, no hay toallas, las camas sin literas y la puerta no tiene cerradura… A ver, es todo como muy hippy adolescente, sentir que tienes 18 cuando tienes casi si doble… Bien, pero no es lo que venden. Las casi 24 horas que llevo ahora mismo en pie, harán que no le ponga pegas al colchón.

Poco más ha dado de sí el día. Hemos salido a cenar a un sitio cercano. Esto parece una zona residencial y, aunque está situado en el centro, no hay muchos sitios a los que ir. En el hostal ofrecían una bbq, pero hemos ido a un sitio chulo cercano a comer un fantástico ceviche de corvina, y una corvina frita al estilo tradicional absolutamente deliciosa. Todo ello bien regado con cerveza local, Balboa.

Ciudad de Panamá no es un sitio barato, y hemos venido a pagar casi un precio español, pero después del extra de grasa de palma del avión, el dinero bien invertido está.

Después de ser atacada por hordas de hormigas gigantescas y violentas que se han cebado con mis pies desnudos a la entrada del hotel, ya en la camita a punto de echar el cierre al día. Son las 22 hora local, pero mi cuerpo no puede más… Igual desde que tenía 8 años que no voy a la cama a esta hora, en las que te tienes que ver con la edad, jajaja. Al menos he conseguido evitar el jet lag.

El balance del primer medio día es bueno. Me gusta el rollo de la ciudad y la gente, aunque estéticamente me recuerda a Benidorm pero con un tráfico infinitamente más caótico. Mañana más y mejor, parece que tiraremos para la montaña… A ver dónde nos lleva el viento 😉

Ciudad de Panamá

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