Día 5: Santa Catalina, Isla Coiba

Parece que por fin ha dejado de llover, la luz y el agua volvieron ayer a las 21, aunque ya estábamos en la cama, al menos hemos podido dormir con A/A, lo cual se agradece bastante si tienes que compartir tu habitación con 5 personas más.

Nos levantamos pronto para desayunar porque hemos quedado a las 8 para el buceo  y además que hacer recoger lo poco que hemos sacado de las mochilas para el cambio de habitación (hoy nos cambiamos a una privada dentro del mismo Hostel, bieeeeen!!!).

El desayuno aquí te lo tienes que hacer tú, unos pancakes de sobre, que te tienes que cocinar en la sartén y un poco de café Aguado de este que beben aquí. Al ser una cocina que usan tropecientas mil personas, pues las medidas higiénicas son reguleras, menos mal que no somos escrupulosos y a todo se adapta el cuerpo.

Dejamos las mochilas en el cuarto de las ratas y nos vamos a la tienda del buceo. Allí nos espera una familia con dos niños pequeños que van a hacer snorkel y supuestamente han de venir 2 personas más. Pero siguiendo nuestra estrella de buena suerte no aparecen (palmando 150$, por cierto) y nos quedamos al instructor para nosotros solitos, lo que me hace muy feliz teniendo en cuenta que hace 2 años de mi última inmersión).

Nos montamos en el bote y partimos hacia el parque Nacional Coiba, un archipiélago de 38 islotes deshabitados, que conforman unos de los mejores puntos de buceo a nivel mundial, según nos cuentan.

A pesar de que ha salido buen día, el mar está algo movido y el capitán le da bastante zapatilla al bote. Esto hace que vayamos dando saltos, literalmente, y nosotros, que estamos sentados en la parte delantera del bote, sufrimos toda la furia del mar en nuestros culos y columnas vertebrales. Los niños alemanes se descojonan con cada salto, claro que ellos no están sufriendo los golpes.

Al principio era hasta medio divertido, pero después de media hora de golpes y dolor me empiezo a agobiar pensando que aún queda una hora. El instructor parece apiadarse de mis caras de sufrimiento y nos cambia el sitio a Iván y a mí, que nos hemos hecho daño ya en el cuello y espalda respectivamente. 

En la parte trasera del bote las cosas se ven de otro color y hasta empiezo a sentir el olor de las nubes, aunque la idea de un instructor tetraplégico tampoco me hace mucha ilusión…

Tras dejar a la familia de snorkel con su instructor, nos vamos al primer punto de buceo, el Faro. Nos dan las instrucciones y el refresco pertinente y nos vamos al agua, aunque yo me he mareado un poco con el agobio del chaleco y el movimiento, nada grave como para abortar.

Una vez en el agua empieza mi pesadilla con la máscara. Algo debo hacer evidentemente mal porque me pruebo tres diferentes y en todas me entra agua, pero no voy a bajar hasta que no me asegure de que la tengo bien sellada. Ventajas de ir solo con mi pareja y con el instructor: los dos esperan pacientemente hasta que por fin consigo fijarla y que no entre agua, aunque las llevo algo empañadas. 

Ya nos han advertido de que vamos a bucear en corriente, así que va a ser divertido… Empezamos el descenso y ahí empieza la magia del mar. Tenemos buena visibilidad, el agua no está muy fría y si es cierto lo que dicen, deberíamos ver muchos bichos.

Al principio del descenso, una vez soltamos la cuerda y empezamos a bucear tengo un momento de agobio y empiezo a respirar muy rápido. Me ha pasado otras veces y se trata de mantener la cabeza fría y serenarte o pedir subir. No quiero joder la inmersión así que me callo y cuando me pide el ok el instructor seguimos adelante.

Menos mal porque me hubiera perdido a las tortugas marinas, bancos de barracudas y jureles, el mero, los peces globo y otros muchos pececillos que andaban por ahí y cuyo nombre no recuerdo.

De repente miro el manómetro y estoy ya casi en 50, nos cogemos Iván y yo de la mano y el instructor suelta la boya hinchable mientras iniciamos el ascenso. Debajo del mar el tiempo pasa muy rápido, pero en este caso me parece que pasa mucho más rápido. 

En la parada de seguridad agoto mi tanque (no me había pasado nunca) y tengo que coger el adicional del instructor. Y reconozco que siento alivio al sacar la cabeza bajo el agua. Supongo que por nervios, por la corriente o por lo que sea, me he fumado mi tanque, cuando a Iván aún le quedaban casi 100 bares. Yo nunca había consumido el aire tan rápido. 31′ de inmersión, y algo extrañada porque estuve bien todo el rato.

Subimos al bote, recogemos a la familia del snorkel y nos dirigimos al segundo punto de buceo, el Granito de oro, una pequeña isla con una playa pequeña de arena dorada y agua cristalina. Nosotros nos alejaremos un poco porque seguimos en corriente, y le daremos la vuelta a la isla.

Granito de oro

Si en la primera inmersión bajamos 22 metros (4 más de lo que permite nuestra certificación), aquí no pasaremos de los 14.

No ha pasado más de media hora desde el primer buceo y ya nos preparamos para el segundo, un poco demasiado juntos para mi gusto, pero esto es así.

Nos tiramos al agua y empieza de nuevo el tormento con la máscara. No le cojo el truco y me estoy empezando a desesperar.

Otra vez ronda de pruebas y como 5-10 minutos después doy el OK a bajar. Iniciamos el descenso y ya desde el principio tengo problemas con mi máscara, me la tengo que estar vaciando todo el rato y es un coñazo porque al final te escuecen mucho los ojos. El tema me ralla y hace que no vaya todo lo cómoda que debería de ir.

En esta inmersión vemos un montón de cosas también, y entre ellas: tortugas de 3 tipos, dos de ellas enormes, manta rayas, un tiburón de punta blanca y otro más pequeño que no conozco, morenas, y muchos peces que no me sé los nombres.

Miro mi manómetro y estoy en 50, aviso al instructor pero no le da importancia porque no estamos a mucha profundidad. En una de las corrientes me voy contra una roca y toco el coral sin querer, aunque afortunadamente no me he cortado mucho. El ascenso es muy lento, pero no llegamos a hacer la parada de los 5 metros, así que se hace muy llevadero. 

Han sido dos muy buenas inmersiones, aunque algo más cortas de lo debido a mi consumo rápido de oxígeno, pero muy de calidad en cuanto a ver cosas. El instructor está muy contento y le cuenta a todos lo que hemos visto. La verdad que a mí, de todo lo que quería ver, solo me queda el caballito de mar y el tiburón ballena, pero aquí no es temporada hasta diciembre-enero, así que será para otra vez!

La última parada la hacemos en la isla principal, en Coiba. Aprovechamos para comer y descansar un poco antes de volver a Santa Catalina. Esta isla tiene una playa principal, mogollón de selva y un manglar en la parte de atrás, que está lleno de cocodrilos. Y de entre todos, se lleva la palma el célebre Tito. Tito es un cocodrilo americano que fue capturado por pescadores que lo alimentaron desde pequeño. Pero cuando Tito se fue haciendo mayor, se servía la comida el mismo en la granja vecina, así que lo llevaron a Coiba para que estuviera con sus amigos cocodrilos. Pero por algún motivo, él siempre mantuvo algún vínculo con los humanos y era y es el único que sale del agua para pedir comida, y está ahí quieto, al lado de la gente que se acerca a verlo.

No siempre sale, pero tuvimos mucha suerte porque Tito salió a la orilla, y en un momento dado decidió que se quería acercar mucho más y empezó a avanzar hacia nosotros, y todos empezamos a retroceder porque claro, Tito es un cocodrilo salvaje que mide 3 metros…

Tito y mis marcas de la máscara

Y quién me iba a decir a mí, que en un mismo día iba a bucear con tiburones ya hacerme fotos con un cocodrilo a menos de un metro de distancia… Pero así es Panamá, hay que venir y vivirla!

Ahora no paro de pensar en Tito y en que probablemente vaya a tener un triste final, porque ya se está haciendo mayor y le da pereza ir a cazar. Entonces cada vez sale más a pedir comida, y como no se le da comida, quizá decida alimentarse a su manera con buceadores confiados que hacen noche en la isla en una tienda de campaña. Porque no está limitada la zona de los cocodrilos, ellos pueden ir a donde quieran y de hecho, por la noche está prohibido el baño en la playa porque se suelen poner en la arena. 

En fin, que me daría pena que el pobre cocodrilo muriera porque los humanos capullos decidieron un día que era buena idea alimentar a un cocodrilo.

De vuelta a la Santa Catalina el viaje fue algo menos movido y además, en el trayecto, pudimos ver delfines!! Varios de ellos estuvieron saltando muy cerca de nuestro bote 🙂 Un día redondo de ver animales 🙂

Cuando llegamos al hostal ya tenían preparada nuestra habitación, así que pudimos instalarnos más cómodamente y hacer el despliegue de ropa mojada por toda la habitación, porque una bolsa de plástico llena de ropa húmeda es una malísima idea. La FELICIDAD a veces cuesta tan poco como tener una barandilla de madera en la que extender tus trapos mojados.

Como al día siguiente nos queríamos ir para Boquete porque Santa Catalina ya no tenía nada más que ofrecernos, fuimos a negociar con la chica del banco buceo un shuttle privado por 35$ por persona, en lugar de coger otros 4 o 5 buses como hicimos al venir, mucha tralla en tan pocos días. 

Por cierto, quiero hacer mención a Expedición Coiba, aparte de la buena experiencia con el buceo, María, la chica que está en recepción es super amable, nos ayudó un montón a conseguir el shuttle porque tuvimos problemas de plaza al principio, y nos dejó su móvil para que pudiéramos contactar por Whatsapp con nuestras familias, y todo eso salió de ella. 

Llevamos 3 días sin Internet, no lo echo de menos, pero quizá nuestros padres se puedan preocupar un poco, así que se agradecen esos gestos. Panamá Dice Center tiene toda la fama, pero mi recomendación es para Expedición Coiba, todo son facilidades con ellos.

El día ya solo nos dio para dar un paseo por el minúsculo pueblo, unas cervezas en la piscina y para cenar, unos sándwiches de pavo con tomate hechos en la cocina comunitaria. 

Y antes de las 22, en un alarde de locura, nos fuimos a la cama intentando ver un capítulo de Sons of anarchy y no duramos ni 10′. La vida estando de vacaciones es muy cansada! 🙂 Hasta mañana!

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