Días 13, 14, 15 y 16: Viaje a Panamá y San Blas

Después de coger las mochilas del hostal fuimos para el muelle que nos habría de llevar a Almirante, y de ahí debíamos coger un taxi que nos llevara a la terminal de buses para Panamá. El billete lo compramos un par de días antes para evitar disgustos.

El bus salía a las 18.30 y llegaría en teoría a las 5 de la mañana a Albrook. En el bus hacía el típico frío polar de todos los buses aquí. Y, pardillos de nosotros nos dejamos el jersey en la mochila. Así que mucho reírnos de los jerseys de lana de los guiris, pero pasamos un frío del copón. Aún así logramos dormir todo el trayecto y llegamos a Albrook a las 4.15.

Nuestra idea era ir a San Blas. Lo normal es gestionar un transporte en 4×4 que te lleve a la con comarca Kuna Yala por unos 50$ por persona (aunque una vez entramos nos dijeron 25$), pero como no estábamos alojados en ningún hotel decidimos hacerlo por nuestra cuenta. Para ello tuvimos que coger el bus a Cañitas, que eran otro par de horas hasta la entrada de San Blas (que es el nombre que recibe el archipiélago de Islas).

Tuvimos suerte porque pudimos coger el bus sin esperar nada, pero el tipo del bus se olvidó de nosotros y como no nos avisó nos pasamos y tuvimos que retroceder en otro bus unos 15′. Allí nos dejaron y nos tomamos un café y preguntamos qué hacer a la dueña de la fonda. Lo suyo era esperar a que pasara un 4×4 y negociar con ellos si te querían llevar. Nos pusimos a hacer autostop y más o menos el cuarto o quinto que pasó nos recogió. No estuvimos más de 15′.

El tío que conducía era muy majo. No le tuvimos que pagar nada y nos acercó justo hasta la frontera que separa el territorio Kuna de Panamá, dónde hay un retén de policía. 

La comarca Kuna Yala es territorio independiente y está gobernado por los indios Kuna Yala. Realmente pertenece a Panamá, pero gozan de su propio autogobierno, leyes y tienen representación en el gobierno. Realmente no gozan de mucha simpatía entre los panameños. Son pocos los que visitan San Blas, y no hablan demasiado bien de ellos, porque en su opinión abusan de los privilegios de los que gozan. Seas o no panameño has de pagar por entrar en su comarca, pero no al revés, ellos no han de pagar nada por entrar en Panamá. Además nos decía el conductor que todos los indios que se portan mal (sus palabras textuales) los echan de su comarca y se los mandan a ellos, así que supongo que el descontento está justificado.

Pero que nadie se piense que los Kuna son indios con plumas y taparabos. Tampoco sé demasiado de sus costumbres, pero básicamente se dedican a sacarte el dinero por todo. Visten ropa Nike y similares (aunque las mujeres sí visten sus ropas tracionales, algunas al menos) y tienen sus móviles, WhatsApp y cuentas en Instagram como todo el mundo. Y manejan las finanzas de puta madre. No es por dar mala imagen de ellos, pero te sacan el dinero por todos lados, más que en ningún otro sitio.

Todo lo que voy a hablar son precios por persona, aquí todo son precios por persona. Nada más entrar 20$, luego tienes que coger un 4×4 que te lleve al puerto (tiene que ser 4×4 porque el camino es chungo. Se tarda como una hora y antes era de tierra y se tardaba entre 4 y 5). Este cuesta 12$. Cuando llegas al puerto, si no lo has gestionado antes, deberás elegir isla y pagar, depende de la isla, de 25 a 70$ la más alejada ( ida y vuelta al menos) más otro impuesto de 2$.

Nosotros elegimos perro chico, Assubub Bibbi en Kuna, que costaba 35$ el viaje. Te ponen la típica pulserita y acuerdas con ello la hora a la que te tienen que recoger el día que quieras.

Una vez aquí, elegimos alojarnos en un cabaña de cañas y techo de palmera, con suelo de arena de playa, es decir, suelo de isla. Con dos camas y una mesa como todo mobiliario a 50$ más por barba. Eso sí, con las 3 comidas diarias principales incluidas (muy buenas, por cierto). Así que no te salía tan mal. También te podías alojar en tienda de campaña (tuya) y tienen también habitaciones de obra (estas a 70$).

Perro chico es una Isla pequeñísima, como casi todas aquí, con palmeras, algunas cabañas, unos baños comunitarios y un restaurante. No hay internet, no hay agua caliente, no hay agua potable y no hay casi luz. Pero es realmente un paraíso. La pura vida tranquila y de desconexión. Aquí tu máxima preocupación puede ser pensar que elegir de comer entre las 4 opciones que tienes. Toda la playa que rodea la isla es de arena blanca, el agua es turquesa, casi no hay olas, es super tranquila y hay un barco hundido en el que se puede hacer un buen snorkel. Por el día suelen venir algunos barcos de visita (el impuesto de entrada en la isla es de 3$), pero luego se marchan y aquí se quedan un máximo de 10 personas, sin contar a la familia. Un auténtico remanso de paz en el que poner la mente en blanco.

El chalé con vistas al mar

Visitas de todo tipo para disfrutar del sol…

Maravilloso, pero había algunas colillas en la arena…

El pobre Willy en cautividad 😦

El único atardecer que he visto aquí

Columpio en la palmera

El archipiélago de San Blas está conformado por 365 islas, cada uno con su dueño. Solo hay 49 habitadas y 27 son las que admiten turistas. Ellos viven del turismo, artesanía y pesca, y a juzgar por los fajos de billetes que manejan no les debe ir muy mal. No es que sean gentes super amables, pero te tratan bien y cumplen con su parte.

Al llegar pronto pudimos aprovechar todo el día, bañarnos, hacer snorkel, siestear a la sombra de la palmera, leer, escribir el blog, cerveceando, darle la vuelta a la isla (5′ XD), ver un cielo precioso y un atardecer y no pensar mucho.

Antes de cenar mi pescadito a la brasa estuvimos con los pescadores que habían cazado un tiburón y lo habían soltado en un estanque que tienen aquí. Les comenté si pensaban soltarlo, pero no parecen estar por la labor y tampoco parece que se lo vayan a comer. Sueño con que suba la marea lo suficiente como para que pueda salir de esa jaula. Voy a verlo a veces y está triste, casi no se mueve y yo creo que ahí morirá. Así que fuerza Willy, espero que logres escapar.

A las 20.30 nos montamos nuestra mosquitera, nos limpiamos los pies de arena lo mejor que pudimos a dormir!

Al día siguiente madrugamos después de haber dormido casi 10 horas. El plan de hoy es estar en la playa, tooooodo el día en la playa, y ya. 

Al final hemos decidido hacer una excursión por 5$. La misma que te ofrecen en el puerto por 40! No contratar allí las excursiones al llegar, son las mismas que te ofrecen aquí pero mucho más caras.

La excursión consistía en ir a una piscina natural llena de estrellas de mar, con las que te podías bañar y hacer snorkel, y luego te llevaban a isla Fragata, que es una Isla donde se vende artesanía local. No es muy bonita la verdad, y el paseo no es gran cosa, pero desconectas un poco de tanta playa. 

El día se ha salido un poco nublado y después de comer se ha puesto a llover, así que es un poco bajón, porque aquí no hay nada que hacer. Pero como todo es echarle voluntad, nos hemos tomado una cerveza y luego como 2 horas en remojo, que en el agua se está mejor que fuera. Una duchita con agua medio desalada y a esperar el atardecer y la cena con unas cervezas.

Mañana ya nos marchamos después de comer. Ya nos queda solo hasta el domingo, así que aunque hemos estado tentados de viajar al Valle, parece que echaremos un poco de sentido común al asunto y nos quedaremos en ciudad de Panamá un par de días, a ver qué hacemos por allí.

Hasta mañana! 🙂

Amanece otro día en Perro Chico, último día durmiendo escuchando los sonidos de la naturaleza.

Hoy ha salido un día fenomenal, así que p podemos aprovechar al máximo el día, apurando los últimos baños en el paraíso antes de partir a la ciudad.

Recogemos mochilas y nos dejamos todo preparado para las 14 que vendrán a recogernos. Una ligera diarrea me acompaña desde ayer, pero nada grave ni alarmante, así que a disfrutar de las últimas horas de sol en la playa.

Comemos langosta (luego nos enteramos que se la podías comprar a los pescadores directamente y si estabas alojado en la isla te hacían el favor de cocinarlas) y ya nos marchamos en la lancha.

Hay una cosa que no te dicho y es que aquí no se puede fumar en ningún lado. Es maravilloso, todo libre de humo. Y sólo he visto fumar a un panameño, el resto eran extranjeros, me vengo a vivir aquí 🙂

Una vez llegados al puerto de Cartí, como no teníamos apalabrado un transporte, nos buscaron uno allí uno, así que por 25$ persona acordamos con un Guna que nos llevara al centro de la ciudad, concretamente Marbella (no tenemos alojamiento, pero en San Blas conocimos a un Colombiano que casualmente había trabajado en el hostal en el que nos alojamos la primera noche en Panamá, y nos dijo que ahora curraba en la zona de Marbella y ahí había varios hostales).

El trayecto fue muy entretenido porque el hombre nos dio mucha conversación y aprendimos muchas cosas de la cultura Guna y también de Panamá. Se notaba que no estaba acostumbrado a transportar turistas (él hace el transporte de sus paisanos a Panamá) y como hablamos español se sentía cómodo con nosotros.

Cuando llegamos a la zona de Marbella, no nos fue complicado encontrar hostal, y nos quedamos en el segundo que encontramos y que estaba bien, con habitación y baño.

Nos dimos una ducha para quitarnos mugre acumulada y sal y a buscar un sitio para cenar, ya que estamos cerca de la famosa vía Uruguay.

Y mañana más pero no mejor, porque es imposible! 🙂

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