Días 17, 18 y 19: Panamá City y final de viaje

Hoy queremos visitar el Canal de Panamá, una maravilla de la ingeniería así no podemos dejar de verla con nuestros propios ojos. La visita que se ofrece desde ciudad de Panamá es la de las esclusas de Miraflores, la puerta de entrada desde el Pacífico.

La verdad que es una visita interesante. Cuesta 15$ entrar, pero merece la pena. Además tuvimos la “suerte” de ver cruzar a un gran buque. La visita incluye un museo dónde te explican un poco la historia del Canal, cómo se hizo, simuladores y cosas así, y además proyectan un vídeo con un tufillo muy patriótico pero que te sirve para hacerte una idea bastante clara de lo que es. Recomiendo la visita, no vas a ver fantásticos paisajes pero el saber no ocupa lugar, así que no todo van a ser playas de postal en Panamá.

Esta visita nos lleva toda la mañana, porque está un poco alejado, así que después de comer una ensalada (y llegados a este punto ya puedo hablar sin tapujos de mono de ensaladas) no queda mucha tarde. Por la tarde vamos al hotel, nos damos un bañito en la piscina del Siriri y a buscar la famosa Vía Uruguay que nos pilla cerca del hotel. Como la búsqueda es infructuosa (y al día siguiente nos dimos cuenta de que era porque prácticamente toda la calle está en obras y no se identifica bien), acabamos cenando en una mega cadena de comida rápida, con 300 teles de plasma y con partidos de fútbol y otros deportes proyectados a un volumen monstruoso. Además era caro, así que digamos que no fue la mejor cena para recordar.

Prontito al hotel y ya solo nos queda un cartucho que quemar en Panamá.

Para el último día dejamos la visita a Panamá Viejo, Casco Antiguo, comer en el mercado de marisco y pasear un poco por la cinta costera, que nos pilla también cerquita del hotel. Nos quedamos sin poder visitar el Cerro Ancón, que tiene un horario bastante restringido y además cierra varios días.

La primera visita fue a Panamá Viejo. Para eso cogimos un bus y, en nuestra tónica habitual de no planificar nada, no sabíamos muy bien dónde parar. Le pregunté a una señora del bus, pero la mujer no nos debió de entender muy bien, porque nos indicó que pararámos en una parte de Panamá Viejo con la indicación de andar para una dirección si no queríamos que nos robaran, y es que es una zona bastante conflictiva y desde luego nada turística. Panamá es una ciudad cosmopolita y con grandes rascacielos y mucho coche y hoteles de lujo, pero también tiene muchos barrios marginales y humildes, cuando no directamente zonas rojas, que se entremezclan entre ellos. Así que sin miedo pero con precaución.

La visita a las ruinas y el museo de Panamá Viejo cuesta otros 15$, pero también merece la pena si quieres conocer la historia de la ciudad más antigua de Centroamérica, la que liaron los colonos españoles y el saqueo del pirata inglés Henry Morgan. 

Hay muchas ruinas, algunas muy bien conservadas, siendo la torre de la plaza mayor el atractivo turístico principal.

Tras la visita fuimos a visitar el mercado nacional de artesanía, que está justo al lado de la entrada principal. Un complejo de pequeñas tiendas de artesanos, que casi todas venden lo mismo, pero está muy bien porque es artesanía de verdad. Además lo que mola de aquí es que los artesanos te explican todo, pero no te agobian para que compres, y son amables y te dejan mirar sin avasallar, y eso es maravilloso, porque en otros países es tal el acoso para que compres que al final se te quitan hasta las ganas de ir a mirar. Y es que Panamá es maravilloso en todo 🙂

Después de esto, al mercado de marisco a comer. Cogimos otro bus que tuvimos que estar esperando cansinamente casi una hora (por cierto el bus aquí es super barato, 0,25$) y nos dejaba directamente en la puerta (cruce de autopista mediante).

Yo tenía entendido que era tan solo un restaurante, y a punto estuvimos de marcharnos porque estaba cerrado, pero dando la vuelta, por el lado del mar, hay un montón de chiringuitos que te venden marisco y pescado fresco comprado directamente de la Lonja, que está justo al lado.

Elegimos un sitio al azar y comimos langosta, langostinos y ceviche, todo buenísimo y a buen precio. Este sitio es visita obligada sí o sí. Tienen un montón de tipos de ceviche y son ridículamente baratos, un espectáculo para las papilas gustativas, mmmm.

Langosta al ajillo

Langosta al ajillo

La mala suerte hizo que se pusiera a llover, así que nos dio bastante bajón porque todavía nos quedaba por visitar la parte más bonita de la ciudad, el casco antiguo. Estuvimos más de una hora para ver si paraba, y al final decidimos irnos chispeando porque solo quedaban un par de horas de luz.

Al centro histórico se puede ir andando y es bien sencillo ir desde allí. Vas en recto desde una pasarela paralela al mar, qué forma parte de la cinta costera. Es una zona bien segura y no hay problema en andar por allí, con bastante presencia policial además, porque el presidente del país vive allí.

El centro pequeño y bonito entramado de calles y plazas, con edificios de estilo colonial que en ocasiones recuerdan a la Habana. La plaza de la independencia alberga la Catedral, pero estaba toda en obras y no se veía ni se podía visitar. El Palacio de Simón Bolívar estaba ocupado con la celebración de una boda, así que le echamos un vistazo por fuera y no mucho más. Vistamos también la iglesia de la Merced y otra que no recuerdo el nombre, pero lo cierto que lo más bonito es pasear por las calles sin más, al menos a mí es lo que más me gusta, aunque el tiempo no acompañaba mucho porque llovía intermitentemente. 

Iglesia de la Merced

Palacio Simón Bolívar

Monumento a Simón Bolívar

Plaza de la independencia

Una pena no haberse alojado aquí para cenar o comer, porque había un montón de sitios chulos. De hecho nos tomamos un cortado en un café librería precioso (a 3$, por cierto), un sitio de los más bonitos en los que he estado. No tardamos demasiado en irnos porque ya estaba anocheciendo y tenían una música bajonera que no Mariana nada bien con la melancolía y la desazón que nos había acompañado todo el día. Y es que el último día siempre es muy triste. Cuando ves que de verdad la cosa ya se acaba y que te toca volver a la rutina… A mí siempre me golpea bastante duro. El consuelo que me queda es que eso significa que lo he disfrutado al máximo pero ganas de volver, ninguna.

Diver baño

Después de eso nos volvimos al hotel, nos duchamos y enredamos un poco para no sale tan pronto y así poder alargar la noche un poco más, a modo de traca final, como buenos valencianos que somos. 

Ya que era el último día, nos tiramos un poco a lo loco a las cervezas, y de que nos descuidamos se nos hicieron casi las 23 y a esas horas, ya te empiezas a encontrar algún problema para cenar. Al final volvimos a recalar en Uruguay, porque estábamos hambrientos, queríamos ajustar los últimos dólares que nos quedaban en un sitio no muy caro, y estábamos animados como para quizá seguir luego un poco la fiesta.

Así que así fue, después de la cena acabamos en un karaoke (que era el único sitio en el que no nos hicieron pagar entrada) acompañando en los coros el Despacito… 

Para ser sincera, no me gustan nada los karaokes. Soy muy cantarina, pero no en plan para lucirme. Y lo malo de los karaokes es que hay mucho cantante frustrado (con todos mis respetos), pero a la tercera canción lenta en inglés para lucirse ya te quieres cortar las venas, no hay quien aguante ese bajón de fiesta. Así que a la una para el hotel a dormir.

El último día, día de vuelta a casa, nada interesante que contar. Lloros y que si “por qué no nos tocará el Euromillón, tristeza máxima y miradas ausentes….

Solo quiero reseñar que esta es la ciudad más barata en la que he estado para ir al aeropuerto. Por 1,25$ hemos cogido un bus (por la zona) que nos lleva directos al aeropuerto en una media hora. Y nos han ofrecido un taxi por 10$ (la tarifa suele ser de 30$), pero si no llevas 300 maletas, te ahorras bastante pasta y es cómodo, vas sentado, con tu A/A a tope… En fin, ahí lo dejo por si alguien viene, que lo considere como opción. Escribo estas últimas líneas ya desde el avión, así que ahora sí que sí, Colorín Colorado, este maravilloso cuento se ha acabado.

Panamá, fue maravilloso conocerte! Con mucho gusto y hasta siempre! 🙂

Cinta costera

Skyline

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