Días 3 y 4 – Ella

Hoy hemos vuelto a madrugar un montón porque vamos a coger un tren que nos lleve a Ella directamente, pero como no tenemos billete queremos llegar pronto para hacer cola y no quedarnos sin él. Piiii, error. Llegamos 1h 45′ antes de la salida del tren y éramos los terceros de la cola (luego se hizo una cola larguísima), pero la historia es que venden billetes infinitos. Puedes conseguir uno incluso un minuto antes de la salida del tren, no vale la pena madrugar tanto. Para la próxima, lección aprendida.

Dicen que este trayecto, especialmente desde Haputale a Ella es de los más bonitos del mundo, así que conseguir reserva en el vagón mirador es prácticamente imposible porque no se vende por Internet y necesitas hacer la reserva casi con dos semanas de antelación. Para un viajero que va de un lado a otro no es algo que puedas gestionar, así que te toca ir en segunda o tercera clase.

Casi todo los turistas compramos el de segunda pensando que va a ser más cómodo, pero la realidad es que no hay mucha diferencia entre segunda y tercera, pero esto lo descubriríamos después.

Esperando al tren conocimos a una pareja de catalanes con los que compartimos experiencias y nos contaron cómo lo habían hecho ellos y los sitios que habían visitado, siempre es bueno conocer gente porque te dan consejos y recomendaciones para planificar tu propia ruta (por cierto, que aquí hay un montón de españoles y muchas familias europeas que viajan con sus hijos pequeños, a veces incluso con bebés, para quien piense que no es un lugar seguro). Nosotros les advertimos de la dificultad de encontrar un asiento, que debían de lanzarse a la ca de uno corriendo y sin mucho miramiento, pero en esta ocasión la realidad superó a la ficción. El tren venía ya cargadísimo de Colombo y ya no hablamos de conseguir asiento, es que ni siquiera cabíamos de pie hacinados en los pasillos. Muchas más personas que espacio, cada una con su (s) correspondientes mochilones y/o maletones. Imposible. Al final nos metimos en tercera clase en el vagón- bar, que estaba algo más despejado, aún así, íbamos completamente apretujados en el vagón, que no sé la capacidad, pero debía de cuatriplicarla al menos. Y esta es otra de las cosas, da igual si compras 2ª o 3ª clase porque no hay ningún tipo de control. Así que tanto da.

El viaje se preveía complicado, porque 7 horas de pie, sin poder ir al baño, casi sin poder moverte… Se hace largo. Tu única esperanza es que se levante alguien y poder meter el culo en el asiento, porque algunos ceilandeses son como anguilas, y a la que te quieres sentar, ya hay otra persona ocupando tu lugar. A pesar de eso, hay una cosa que se respeta, y es que si dejas una mochila o bolso en un asiento vacío, se entiende que está reservado por alguien y no se sienta nadie ahí. Con el caos que hay, me extraña esa concesión. También es cierto que muchos te ceden el asiento amablemente, la verdad que aquí al turista se le trata genial.

Después de una hora y pico, finalmente pudimos sentarnos e ir disfrutando más tranquilamente del paisaje, con unas estampas verdaderamente increíbles. Un recorrido muy bucólico a lo largo de las tierras altas que ni siquiera se llega a hacer largo. Lo único malo es que no hay baño, y ya puedes tener cuidado de no beber mucho líquido, porque entonces sí que se te puede hacer entre largo e infernal.

En el viaje conocimos a un montón más de españoles, pero todos bajaban en Nuwara Eliya. Nosotros descartamos este destino porque preferimos ver más naturaleza que templos, y llegar a un sitio, estar medio día y pirarte… No sé, lo vemos demasiado ajetreo y poco disfrute.

Una vez llegamos, nos dirigimos directamente al hotel que habíamos reservado, para dejar las mochilas y tener tiempo de dar un paseo. El hotel, bueno, guesthouse, se llamaba Little cottage, y era una agradable habitación con baño y una terracita, adosada a la casa de los dueños, y situada en medio de la selva.

En Sri Lanka funcionan mucho este tipo de alojamientos, con una o dos habitaciones por casa. Y por nuestra experiencia, todas muy agradables, con gente que te ayuda y no es nada intrusiva. Y que cocinan muy bien!

La verdad que Ella es un pueblo precioso. Tan precioso como su nombre. Más bien, está en un entorno precioso, porque lo que es el pueblo en sí no son más que 3 o 4 calles con restaurantes y comercios a los lados, pero el enclave es maravilloso, rodeado de montañas, selva y zonas boscosas. Y venden cerveza casi en cada sitio!

Vistas a la Ella’s Rock

Y por el día hace calor, pero por la noche se duerme fresquito, hasta te puedes tapar. Vamos a ser muy felices estos dos días aquí 🙂

Hoy el día solo nos da para un paseo, unas cerves (en formato 625cl) y la cena, pero suficiente para saber qué vamos a estar muy agusto!

Yo ya hace tiempo que lo descubrí 😉

Mañana tenemos un día activo, así que lo mejor, como siempre, irse pronto a la cama y aprovechar las máximas horas de luz al día siguiente.

A las 7 de la mañana ya tenemos un rico y completísimo desayuno preparado en la mesa de nuestra terracita particular. Lo cierto es que las familias de las guesthouses te ahogan en montañas de comida riquísima. Completamente imposible acabar con todo.

Para hoy, queremos hacer una visita a Little Adam’s Peak, que es la mayor atracción turística de Ella, ir a las cataratas de Nowara y, si da tiempo, subir a la roca de Ella, que sin ser una escalada muy exigente, es lo máximo a lo que puedes aspirar aquí.

Empezamos pronto la subida al pequeño Pico de Adán, un paseíto de 4 km ida y vuelta, con escalones en la parte final, que no representa ninguna dificultad. Por el camino te encuentras a recolectoras de té haciendo su trabajo, es una estampa muy ceilandesa y es bonito de ver.

Una vez llegada a la cima (unos 25 minutos de caminata) la recompensa es infinitamente mayor al esfuerzo realizado. Las vistas son increíbles, y además, hay un pequeño templo en la parte superior en honor a Buda.

A la sombra de Buda

258 fotos después iniciamos descenso. En el camino te puedes encontrar a mujeres locales, supuestas recolectoras de té, que te piden dinero para que te hagas fotos con ellas. Es una cosa personal, pero no estoy muy de acuerdo con este tipo de negocios, más aún cuando usan a niños para ello. También nos encontramos un puestecito de venta de bisutería hecha con semillas, y la dueña era un auténtico amor. Hablaba un perfecto inglés, y me explicó muy bien todo el tema del cuidado de las semillas, su nombre en español y hasta me habló un poco en valenciano. Una crack! Por el precio que pedía por su artesanía, ni se me ocurrió regatear. Una pulsera por algo más de un euro, cuando en cualquier otro sitio me habrían pedido 5 veces más.

Al bajar de la montañita es buena idea tomarse un zumo de frutas en el hotel jardín que hace esquina, ¡tiene unas vistas increíbles y los zumos están buenísimos!

El siguiente paso fue ir a visitar las cataratas de Nowara. Son unos 7 km de trayecto de ida y otros tantos de vuelta por carretera, y aunque se puede ir andando, creo que es mucho mejor coger un tuk-tuk, que es lo que nosotros hicimos. Este precio sí que los negociamos fatal y nos salió algo caro, 1300 lkr, unos 6 euros al cambio. Te lleva, te espera y te trae, pero aún así lo podríamos haber conseguido más barato. Pero lo cierto es que no somos nosotros de apretar mucho las tuercas, y por el dinero que es tampoco nos gusta ponernos muy beligerantes.

Las cataratas Nowara, sin ser feas, es quizá lo que menos me ha gustado en cuanto a paisajes. Están pegadas a la carretera, llenas de gente, y puedes ver basura entre las rocas. Es bonito, pero podría estar más cuidado. Y tiene ese mismo olor a hoguera que impregna toda Sri Lanka. Eso, muchos monos y las decenas de perros callejeros que pueblan las cunetas de las carreteras. Merece la visita si no tienes otro plan mejor.

Monetes everywhere

Y después de todo esto, tras comer en el Chill café, el megaconcurrido restaurante de 3 pisos, donde preparan un curry fantástico, por cierto (muy recomendable), y además dan clases de cocina, nos quedaba el plato fuerte de la jornada, la subida a la roca de Ella.

En la estación de tren, de donde partía la ruta, conocimos a una pareja de españoles que se habían alquilado un tuk-tuk (esto ya es aventura de otro nivel) y nos dijeron algunas cosas que podían ser de interés, como que la ruta estaba mal señalizada a propósito y que te liaban para que necesitaras un guía. Así que voy a tratar de explicar forma clara y sencilla como acometer la ruta y no perderse (que puede ser fácil).

Dejando la estación de tren a tu espalda andas hacía la derecha hasta encontrar un túnel que NO debes tomar, si no subir la cuesta que queda a tu izquierda. Tras subir unos 100m tienes que girar a la derecha y salir a las vías del tren. Ojo porque aunque no pasan muchos trenes, pasan algunos. Te enteras por el pitido del tren, pero habrás de buscar un sitio seguro para apartarte a un lado. A nosotros casi nos salva la vida un hombre, porque se acercaba un tren y no le hacíamos caso al pito, ya que nos habían dicho que por ahí no pasaban trenes… En fin!

Se ha de andar por las vías unos 45′ en dirección contraria a la estación de Ella. Se pasará una pequeña estación de tren como a los 40′, y un poco más adelante hay una señal de punto kilométrico que marca 166. En ese punto, un camino de tierra sale a la izquierda, hay que tomarlo y crear un puente sobre un río con unas pequeñas cataratas. En este punto el camino se bifurca en 2. A la derecha, un cartel confuso y engañoso dice algo así como “the nearest road to Ella’s rock”. Este NO es el camino, hay que seguir frente tras cruzar el puente, subiendo por un camino de tierra empinado. Seguimos andando recto y nos encontramos un camino a la izquierda en algún punto. Pasamos de él y seguimos recto. Al poco nos aparece otro camino a la izquierda y también lo debemos de ignorar. Un poco después sale un camino a la derecha, tampoco lo tomamos porque lleva a una casa particular. Seguiremos recto hasta dar con un pequeño bar que vende bebidas y snacks. Tras esto, ya no hay pérdida. Seguimos recto hasta dar con un montículo de árboles que o bien podemos atravesar por el medio, o rodearlo por el lado izquierdo. Seguimos recto y ya en unos 200 m nos encontramos con un tramo de pura subida. No son más de 10 minutos, pero te cuesta una buena sudada. Y enseguida te llega la recompensa y las maravillosas vistas desde la roca. Un auténtico placer para los sentidos! Dependiendo de ti forma física, puede llevar entre 3 y 4 horas el camino de ida y vuelta, así que teniendo en cuenta que sobre las 18.30 anochece, mejor calcular bien y no quedar perdido en las montañas.

El camino de bajada, si bien no es exigente, se puede complicar en un día lluvioso porque el terreno es resbaladizo. Llevar calzado adecuado aunque los ceilandeses lo suben fácil con chanclas de goma.

En la bajada nos encontramos a un perrito que nos estuvo llorando un rato, así que dedujimos que quizá tenía sed. Y así era porque se bebió más de medio litro de agua! Los perros están por todas partes, y aunque no los tratan mal y les dan agua y comida, el concepto de tenerlos como mascota dista mucho de lo que nosotros entendemos. Así que como somos dog lovers, si podemos darles agua o comida, pues lo hacemos con mucho gusto.

Ya de vuelta en el pueblo, solo quedaba negociar un taxi que nos llevara a Sirigiya, porque la combinación en bus no es buena, teniendo que hacer cambios y trayectos interminables, y en tren, suponía volver a coger el tren de vuelta a Kandy (con sus correspondientes 7 horas) y luego un bus. Un horror y todo el día perdido. Así que fuimos a negociar con un par de servicios de transporte privado y acabaron ofreciéndonos un viaje directo para los dos casi 20 euros más barato que lo que nos habían dicho el día anterior. No había nada que pensar, por 10.000 lkr (54 €), un coche nos llevaba directos en menos de 5 horas. Nos fuimos a celebrarlo con cervezas y a comer un fantástico rotti de pollo, poco picante. In love with Sri Lanka!

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