Días 5 y 6 – Sigiriya

A las 6.55 ya estaba esperándonos el conductor del transporte que contratamos ayer. El coche, de más o menos mi quinta, no tenía aire acondicionado ni dibujo en las ruedas, pero tampoco nos vamos a poner tiquismiquis a estas alturas del viaje. Ya estamos acostumbrados al modo ceilandés. El trayecto debía tomarnos alrededor de unas 5 horas, pero como tengo facilidad de bebé para dormirme en cualquier tipo de transporte en el que me monto (barco, tren, bus, avión, coche, Jeep, moto…) no me suponía un problema e ir viendo el paisaje siempre es un aliciente.

Cuando ya llevábamos unas 4 horas de viaje, unos baches más abruptos de lo normal me despertaron con un sobresalto. La realidad es que habíamos pinchado una de las ruedas traseras. El conductor no parecía tener mucha idea de cambiar ruedas, y nosotros mucho menos. Pero de repente aparecieron 3 tipos que salieron de entre la selva, y un pis pas cambiaron la rueda entre los 3. Una rueda, que por cierto, más bien parecía de moto que de coche, pequeñísima. De verdad que la amabilidad y buena predisposición de la gente de aquí es increíble.

Después de eso el conductor nos dejó un ratito en Dambulla para que pudiéramos visitar el gran templo de oro de Buda, cuya gran atractivo es un enorme Buda dorado, y unas cuevas en las que también hay budas. Mientras tanto, el conductor fue a reparar la rueda a un taller, y de paso recoger a su mujer. Seguramente todo esto nos lo explicó, pero la verdad que hay graves problemas de comunicación con cierta gente de aquí, porque no somos muchas veces capaces de pillar el acento tan fuerte hablando en inglés. Entre eso, y que nuestro inglés no es que sea maravilloso tampoco, pues no fluye mucho la comunicación.

Templo de Dambulla

Más o menos 45′ después llegamos a Sirigiya, probablemente el atractivo turístico principal del país, o al menos entre los 3 primeros. Un pueblo que no tiene nada más que que la Lion Rock, un punto sagrado de peregrinación budista. Un complejo que alberga templos, ruinas, y la roca con garras del León talladas en la base de la gran roca, cuya ascensión supone una sudadita de unos 20-25′. Aunque luego contaré el plan B (el nuestro), si te quieres ahorrar los 25 € de entrada.

Vista de Lion’s rock desde abajo

Aparte de la roca, el pueblo consta de un par de calles principales con algún restaurante y tiendas, y alrededor de 200 alojamientos entre casas de huéspedes y pequeños hoteles desperdigados por un puñado de calles más, muy alejadas entre sí.

Otra de las cosas buenas de este sitio es que constituye un buen punto de partida para realizar safaris para ver elefantes (básicamente) en los cercanos parques de Minneriya y Kaudulla. Así que también entraba en nuestros planes. El parque quizá más famoso en Sri Lanka es el de Yala, pero también el más masificado y ahora, fuera de temporada. El gran reclamo de poder ver leopardos es casi tan complicado como encontrarte un unicornio pastando en la sabana. Además, unos 500 jeeps diarios no ayudan a que el animalico se deje ver mucho.

Bien, nuestro alojamiento en Sirigiya, a 1,5 km del pueblo era la guesthouse Passion Ray Villa, y bien puedo afirmar que si no es el mejor sitio en el que hemos estado, sin duda sí en el que mejor nos han tratado.

La casa de Ray

Las comidas espectaculares

Toda la familia, tanto el hombre que lo regentaba como sus hijas, eran pura amabilidad. De hecho, las niñas nos llevaron por la tarde a dar un paseo por los alrededores de la casa. Y con toda su buena intención, nos querían enseñar sitios un poco inaccesibles para nosotros. Por ejemplo, la niña pequeña que era una lagartijilla, cruzaba muy hábilmente un río sobre un fino tronco sin ningún tipo más de apoyo. Pero yo me veía cayendo al río, poblado de serpientes y otros animalitos, y no me hacía muy feliz. Pero fue un paseo muy agradable, nos contaron cosas de su vida allí, y nos enseñó algunas palabras en cingalés. Lo dicho, unos amores!

Las hijas de Ray

Además en este sitio preparaban una comida casera local espectacular y en cantidades industriales con un montón de preparaciones diferentes. La mejor comida que sin duda hemos comido hasta la fecha. Recomiendo a todo el mundo este lugar.

Por la tarde, dimos una vueltecita por las dos calles del pueblo y nos pudimos tomar un par de cervezas, pero no es muy práctico moverte de tu alojamiento porque luego te pilla lejos tu alojamiento, y lo normal es cenar allí. Además, aquí las farolas no se llevan mucho, bueno, nada, y te encontrarás un camino de vuelta completamente oscuro (muy recomendable traer linterna o frontal, es muy útil aquí). Siempre puedes pillar un tuk-tuk, pero quizá aquí no sea tan fácil encontrarlos como en otros sitios.

Típico elefante esclavizado para paseos de turistas

Así que prontito de vuelta, cena maravillosa y a dormir que nos tenemos que levantar a las 4.30 para ver el amanecer.

Pues bien, el plan B que comentaba anteriormente consiste en subir a Pirindungala rock, en lugar de a Sigiriya. Es una roca diferente, sí, pero tendrás un amanecer igual de bonito, la altura y dificultad será similar, verás de fondo la roca de Sigiriya, y tan solo tendrás que pagar 500 rupias. Si no eres un budista devoto, esta es tu opción, sin duda.

Para la subida, quedamos con (le llamaremos) Ray para que nos llevara en tuk-tuk (no está muy lejos, pero no es tan seguro ir de noche, te puedes encontrar elefantes!). A las 5.30 más o menos emprendimos la subida, y para las 18 estábamos ya arriba. Necesitarás un frontal o beneficiarte del de los demás (no irás solo, te lo aseguro), porque está totalmente oscuro, aunque se empieza a ver cuando va amaneciendo. El primer tramo son escaleras, en el segundo tienes que hacer una pequeña escalada en algunos tramos, pero sin mucha dificultad, casi cualquiera puede hacerlo sin problemas. Arriba las vistas son preciosas pero, si tienes mala suerte, puede que el cielo esté cubierto y no puedas ver un bonito amanecer. A nosotros nos pasó, pero aún así merece la pena.

Además, a media subida hay un gran Buda incrustado en la roca, y debajo hay unas pequeñas ruinas que visitar. También hay muchos monetes que siempre es un aliciente, son bien bonicos.

Una vez bajo, vino a recogernos Ray y nos llevó de vuelta a la casa.

Una pequeña siesta después, me calcé las zapas y me hice mis primeros km en territorio ceilandés, toda una tradición en mis viajes. Me sigue sorprendiendo como casi cada persona que me encontraba me saludaba con tanta alegría, incluso varios niños me chocaban la mano y me daban ánimos, al modo maratón XD. Salió un buen día, no muy caluroso. Así que los 45′ por camino de tierra fueron más bien un paseo (a pesar de mi forma física en horas muy bajas).

Después de la comida habíamos pactado un safari en el parque Kaudulla. La idea inicial era ir a Minneriya porque es donde tiene lugar “la concentración”, un acontecimiento que tiene lugar durante la época seca y que hace que se junten manadas de elefantes de hasta 200 o 300 ejemplares. Pero Ray nos dijo que ahora los elefantes estaban en Kaudulla, así que le hicimos caso y allí fuimos.

A nosotros nos costó 6000 rupias el Jeep, y 5400 la entrada al parque para dos. Al cambio unos 31€ por persona. No negociamos precio. No sé si se puede sacar por menos, pero entraba dentro del rango que teníamos pensado.

El trayecto desde Sirigiya dura una hora aprox. y después el safari sobre 3-4 horas. Merece la pena absolutamente. Creo que es lo que más me ha gustado hasta ahora.

Es cierto que está muy masificado (pasarán cada día entre 300 y 500 jeeps), y puedes pensar que es dañino para los animales, pero al contrario. El conflicto animal-humano en este país es una realidad (en este y en todos, pero aquí quizá sea más patente). Los elefantes y otros animales están protegidos y dentro de reservas naturales (también fuera, pero mayoritariamente ahí). La gente paga por verlos y se mantiene el estatus. Cuando entran en contacto directo con los humanos es cuando surge el problema. Solos o hasta 3 son peligrosos, se comen los cultivos (al propio Ray le pasaba con sus cultivos de cebollas) y si son más dañinos que beneficiosos no interesa mantenerlos. Se destruye su hábitat y se generan muertes de ambos lados. Los parques naturales son una manera de mantenerlos separados y seguros. Da mucho dinero al país y se pueden seguir manteniendo. Están muy acostumbrados a ver gente, y no se les hostiga más de lo necesario. Es una solución (seguro que no la mejor, pero válida por ahora) para mantener el equilibrio. Lo creo de verdad. Teniendo en cuenta que el conflicto humano – elefante genera unas 70 – 250 muertes al año respectivamente, creo que no es mala solución mantenerlos separados, protegidos y alimentados.

El caso, una vez allí, tras hacer una buena cola a la entrada, pudimos ver montones de elefantes en grandes grupos. Si el parque alberga 350 ejemplares, diría que los vimos todos! Incluso a un bebé de tan solo dos días de vida, y uno con la cara de color marrón, que según nos dijo el conductor, no siempre era posible ver. Se pueden ver desde super cerca, y aunque probablemente haya la casi la misma cantidad de jeeps que elefantes, estos últimos parecen no inmutarse en absoluto.

También se pueden ver búfalos, vacas que hay por allí sueltas (un poco raro, pero las hay), muchos tipos de aves (incluidos pavos reales salvajes y águilas) y aunque habitan también cocodrilos, estos no se suelen ver (nosotros no vimos).

Una vez de vuelta, pudimos comprar una cerveza durante el viaje y degustarla en el Jeep (la única de hoy :().

La cena nos volvió a sorprender en calidad y cantidad. Me reafirmo en alabar la buena mano de esta familia para la cocina. Y esta vez, compartimos mesa con una familia de franceses que se habían alquilado un tuk-tuk. Y me sigo sorprendiendo de cómo hay gente capaz de viajar con sus 3 hijos pequeños (de 3, 4 y 6 años!) en un transporte que como mucho es para 3, y no especialmente seguro. Desde luego, hay gente con máster en Aventura.

Mañana toca cambio de destino, y por fin y con ganas, veremos el mar de la costa Este. 🙂

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