Días 7, 8 y 9 – Nilaveli

Después de desayunar hemos acordado con Ray que nos llevará con su Tuk-tuk a Inamaluwa, un pequeño pueblo cercano, a tan solo unos km. Después de eso, nos toca coger un bus a Trincomalee, y de allí otro más a Nilaveli, o bien hacer ese trayecto en tuk-tuk.

Todo el trayecto decidimos hacerlo en bus, porque la verdad que es muy barato, pero también es justo decir que los buses aquí (al menos que hemos cogido nosotros) son malos y lentos. Se tarda una eternidad en ir de un punto a otro, los asientos son estrechísimos (si es que tienes la suerte de sentarte) y viejísimos (usualmente sin aire acondicionado) y hacen 3 millones de paradas. Al menos eso puede ser una ventaja ya que te puedes subir y bajar dónde te venga mejor, solo avisando al conductor.

Dicho todo esto, lo que pensábamos que no nos llevaría más de 3 horas, se convirtió en un viaje de casi toda la mañana por varios problemas: no encontrábamos bancos con divisa para cambiar en Trinco, el bus que llevaba a Nilaveli tardó como una hora para recorrer los 16 km que separan ambos puntos (amenizado con una infernal música de discoteca árabe a todo trapo) y ya por último, tuvimos un problema con la reserva por Booking. La habíamos hecho esa misma mañana, pero parece ser que había algún problema en la web y no teníamos sitio, así que nos la cancelaron pero, como no tenemos Internet, no nos enteramos hasta que llegamos al punto y nos dijeron que no teníamos reserva. Todo mal hoy.

Pero bueno, al final todo se arregla y la chica del Memo’s home (nuestro alojamiento), Beta, una italiana un poco despistada pero muy amable, nos acomodó una noche en su casa porque justo una pareja se había ido, y para la noche siguiente nos buscó otro sitio que era más caro pero mucho mejor, más cerca de la playa y más bonito.

El Memo’s, no estaba mal, pero algo alejado de la playa y restaurantes. La verdad que aquí todo está muy desperdigado, muchos alojamientos pero alejados entre sí. Por nuestra experiencia, la mejor opción es alojarte en un resort en primera línea de playa, o al menos lo más cerca posible.

Después de comer (casi a las 16 y el peor sándwich club que me he comido en mi vida), ya casi no quedaban horas de luz, pero nos acercamos a la playa a ver qué tal lucía. Por el camino nos encontramos a un perro-vaca pequeñito que por algún motivo, se volvió loco de alegría al vernos incluso desde lejos. Le dimos agua y otra vez un pobre perro muerto de sed. No los tratan mal, pero en general pasan bastante de ellos y por eso se vuelven locos con una caricia.

Al llegar a la playa, supongo que por ser viernes estaba super animada, porque había muchísimos ceilandeses bañándose (las mujeres con camiseta y pantalón) y riendo, parecían estar muy divertidos.

Este tramo de la playa, que cuenta con 6 km de arena a lo largo de la costa) no era especialmente espectacular, pero estaba bastante limpia, tanto el agua como la arena. Así que nos dimos un baño y como casi ya estaba a punto de caer la noche, ducha, cena y poco más por hoy.

Para el día siguiente, Beta nos había conseguido alojamiento en una cabaña en el High Park, un hotel en primera línea de playa. Cuando llegamos nos quedamos maravillados, porque aunque el alojamiento no era nada espectacular, sí estaba limpio y cuidado. Sin aire acondicionado y sin agua caliente (bastante habitual por aquí), pero la ubicación inmejorable, con un bonito jardín y en medio de un tramo de playa precioso. Arena dorada y agua turquesa, aunque no transparente porque el mar es movido y se enturbia con la arena, sí muy limpia. Además, las playas de aquí no están absolutamente nada masificadas. Es raro compartir Sol y baño con más de 20 personas, un lujo!

Habitación de High Park

Terracita y jardín

Otra cosa buena era tener un bar cerquita para poder ir a tomarte una cuando el calor apretaba de más. Pasar unos días en la tumbona, debajo de la sombrilla y cerveza en mano, es poco más o menos todo lo que hicimos este día.

Para la cena, todos los hoteles de la zona sacaban las mesas a la arena de la playa, así que ahí tomamos la última cerveza del día y la cena, el típico plato de arroz con curry (montaña de arroz y una selección de platos, usualmente vegetarianos, aunque pueden ser también de carne y pescado). La cocina ceilandesa es realmente buena, me gusta mucho aunque el picante se te puede llegar a hacer duro en algunos platos.

Nuestro último día en este paraíso asiático empezó bien temprano con un snorkeling que previamente reservamos el día anterior. Aunque dentro de nuestro resort estaba el Nilaveli diving center, decidimos contratar la excursión con otro centro de buceo que estaba más o menos a un km andando a la derecha (cuyo nombre no recuerdo) al lado del hotel That’s Why. El motivo es que aunque era ligeramente más caro que el otro, nos pareció que tenían más respeto por el medio marino.

Muy cerca de la playa, como a 10′ en lancha, está la famosa isla Pigneon, que alberga un parque marino. Hay un pequeño arrecife de coral, pero está tan sumamente masificado, que se está degradando rápidamente mente. Cientos de buceadores inexpertos aletean cada día en estas aguas (también con botella), se daña el coral y la vida desaparece. Los 15 euros de entrada al parque no son impedimento para nadie (ni iba a serlo para nosotros), pero en este centro nos advirtieron de ello y decidimos cambiarlo por el punto 11, un arrecife con condiciones de vida marina similares.

Y de hecho, no nos decepcionó para nada, ya que pudimos ver grandes bancos de peces tropicales y al menos 4 o 5 tiburones de punta negra. No es tan fácil ver tortugas, pero también pueden verse. Así que quedamos muy contentos con la excursión, un poco cara, eso sí. 4000 rupias por persona (22 € +/-) por unas 2 horas, con 1,5 horas de tiempo en el agua. Pero las máscaras eran buenas e ibas con un instructor que te enseñaba donde estaban los animales.

El resto del día, más de cerveza, playa, Sol, comida y la compañía de perros juguetones, especialmente la de Rex, el perro del hotel y probablemente más acariciado y afortunado de Sri Lanka, y su compi mordisquitos (bautizado así por nosotros porque te daba mordisquitos para que los acariciaras).

Rex!

Lo más duro nos esperaba al día siguiente, ya habíamos decidido irnos a Tangalla, otro destino playero pero casi a la otra punta del país, en el extremo suroeste. Nos esperaban no menos de 10 horas de viaje, pero eso ya sería mañana. Buenas noches!

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